Alemania y Catalunya: similitudes y una diferencia

04 de septiembre de 2012 (10:30 CET)

Érase una vez un mismo reino donde dos príncipes se repartían las tierras. Llamaremos al primero ahorrativo y al segundo fiestero.

El norte


El príncipe ahorrativo regentaba un territorio relativamente rico, y era a la vez muy trabajador y muy ahorrador. Como el reino tenía un mismo rey, éste repartía los impuestos, según la necesidad sin fijarse demasiado en lo que se empleaba. Como el fiestero gastaba más, el rey le daba a éste más dinero que al ahorrativo.

El sur

El príncipe fiestero no se perdía ni una sola fiesta. Tremendas bacanales que incluían la inauguración de docenas de aeropuertos, trenes de alta velocidad (la mayoría deficitarios) y fichajes de los mejores futbolistas del mundo (también deficitarios).

'Show must go on'

En estos territorios, como no tenían que ganarse el pan con el sudor de su frente, no les importó seguir gastando incluso por encima de lo que recibían de los territorios más pudientes.

El príncipe fiestero ya no tenía bastante con lo que le asignaba el rey y empezó a pedir prestado. La fiesta debía continuar. Y continuó. De hecho en algunos lugares, en los que llegará pronto el AVE, la fiesta todavía no ha terminado.

La prima

Pero un día, los ciudadanos que prestaban dinero a los territorios fiesteros se pusieron en alerta: “¿Y si no nos devuelven el dinero que les hemos prestado?”, se dijeron. Y empezaron a vender sus préstamos hasta que el mercado se inundó de préstamos a fiesteros.

Nadie quería comprar los préstamos que éstos habían contraído. Consecuentemente, el precio de los préstamos se redujo, y la diferencia entre su precio y el total a devolver del préstamo empezó a crecer y crecer y todos supieron quien era la prima. La prima de riesgo.

'Party is over'

Los antiguos prestamistas ya no se fiaban. Tampoco aparecieron nuevos. Nadie quería prestarles dinero. Lo que había en la caja se había acabado hace tiempo y no habían ahorrado nada.

La música se detuvo. La gente dejó de bailar. Muchos se preguntaban por lo sucedido. La mayoría no sabía nada. El príncipe nunca les dijo que tenían entrada reducida y que otros asumían la diferencia.

El pez o la caña


Entonces, el príncipe fiestero apeló al rey y le pidió que emitiera deuda con la garantía de todo el reino. Sin embargo, el príncipe ahorrativo se opuso. Estaba harto de pagar y preguntó qué se ha hecho con sus impuestos y su ahorro. Y como ya sabía la respuesta se opuso a dicha emisión.

Y colorín colorado, este cuento todavía no ha terminado hasta que el tribunal constitucional del principado ahorrativo diga si es constitucional o no dicha emisión.
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