Al separatismo le ha faltado el 3%

28 de septiembre de 2015 (18:18 CET)

De las lecturas del resultado electoral, escojo una: El fracaso en escaños y fracaso en votos de Junts pel Sí. Fracaso en el resultado electoral y fracaso en el falso referéndum. Ni mayoría absoluta, ni mayoría de votos. Esa, y no otra, es la cruda realidad del resultado de las elecciones autonómicas 2015 para la lista unitaria. Estos son los datos:

De 71 a 62: Artur Mas, Oriol Junqueras y Raül Romeva, Muriel Casals y Carme Forcadell, pedían una mayoría absoluta para iniciar el proceso hacia la independencia y han perdido nueve diputados respecto a la suma de Convergència y Esquerra en el año 2012, pasando de 71 a 62. Y eso que contaban con el apoyo de la ANC y Òmnium Cultural, DC, SI, Reagrupament y MES. Unió ya hemos visto lo que sumaba.

47 SI, 53% NO: Junts pel Sí, planteó estas elecciones como "el referéndum que no nos dejaron hacer", y por ello pedían una mayoría separatista en votos para "legitimar" su hoja de ruta. Pues aceptando barco como animal acuático, y sabiendo que muchos del "sí"  en un referéndum de verdad y con consecuencias de verdad no habría votado esta opción, finalmente han conseguido un escaso 47% para las listas por el "sí" frente al 53% de las listas del "no". La realidad recrea extrañas simetrías. Al separatismo le ha faltado un 3% para apuntarse la victoria en votos, ese número mágico en la Cataluña nacionalista.

De 74 a 72: La suma de escaños independentistas de Junts pel Sí y de la CUP es inferior a la suma de CiU, ERC y la CUP en 2012, pasando de 74 a 72. Otro fracaso más. Los separatistas suman menos a medida que se suceden elecciones.

Sin mayoría para elegir presidente: Junts pel Sí no puede investir presidente de la Generalitat sin el voto favorable de la CUP (o algún voto a favor crítico de alguno de sus diputados). No es suficiente su abstención para conseguir una mayoría simple, si el resto de formaciones políticas votan en contra, como parece probable que suceda. De este modo, la CUP será cómplice del nombramiento de Artur Mas. Puede forzar la sustitución de Mas, pero eso significaría tensionar el frágil equilibrio de Junts pel Sí, pudiendo provocar la ruptura de la coalición.

El hundimiento de Convergència: Artur Mas y su partido han pasado en cinco años de 62 a 37 diputados: Una carrera hacia la autodestrucción que será estudiada en las escuelas de política de todo el mundo, excepto Cataluña claro. Cualquier otro candidato habría dimitido ya en 2012, cuando de 62 pasó a 50 diputados después de pedir una "mayoría excepcional" (¿les suena?). Pues lejos de hacerlo, ha vuelto a lograrlo. En menos de tres años ha pasado de 50 a 37 diputados, que corresponden al 60% de CDC del total de la lista de Junts pel Sí, tal y como pactó con Esquerra. Todo un catacrack de la política.

Estos datos, incontestables, son leídos por los líderes de Junts pel Sí como un "mandato democrático" que legitima su hoja de ruta hacia la independencia. Ya sabíamos que el umbral de fracaso lo habían puesto muy bajo, pero no aceptar el fracaso de su órdago empieza a ser de análisis clínico.

Pueden seguir negando la realidad, como hizo Junqueras en su delirante intervención en al acto con los seguidores de Junts pel Sí en el Born. Allí afirmó que la independencia había obtenido mayoría absoluta en escaños y en votos, y que se estaban escribiendo las páginas más gloriosas de nuestra historia.

Pueden amenazar con desarrollar la hoja de ruta separatista desde las instituciones y desde la calle. Puede que Artur Mas siga sin dimitir. Puede que Romeva siga confundiendo principios democráticos básicos y seguir gritando congestionado ese desafortunado y de preocupante memoria  "un sol poble". Como si ellos no se hubieran encargado de dividirlo o peor aún, porque no consideren que los que no son separatistas formen parte de él.

Pueden seguir amenazando la convivencia y la democracia. Pero por mucho que digan, sólo había que mirar el rictus de sus caras y escuchar sus palabras enlatadas, queriendo transmitir una falsa euforia. Han perdido y lo saben.
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