África y Sant Jordi

Josep Huguet

25 de abril de 2015 (21:55 CET)

El pasado Sant Jordi mi mujer me regaló la última novela protagonizada por el comisario Montalbano, del escritor siciliano Andrea Camilleri, Una rendija de luz. Soy un modesto seguidor, como así del género negro. A la espera de leerla, veo en la contraportada que la trama se sitúa en una crisis de desembarco de inmigrantes del norte de África. Camilleri no es la primera vez que remueve el tema del tráfico de inmigrantes y de otros elementos colaterales del flujo con África: armas y drogas. En este sentido recuerden también dos películas españolas negras recientes : El Niño y La Isla Mínima.

Estas obras reflejan plenamente uno de los problemas sociales, económicos y de seguridad más graves de Europa. Aunque la Europa central y nórdica, que no se encuentra en primera línea de frente, a veces parece que se desentienda. La foto del viernes con Donald Tusk y Martin Schultz, rodeados de jefes de gobierno, era una respuesta mediática al drama de los miles de muertos de las últimas semanas. Pero, si toda la solución es reactivar el programa Mare Nostrum de control de buques, no vamos a ninguna parte. Los mandatarios europeos están presionados por un electorado que ante los recortes puede considerarse excesivo cualquier esfuerzo presupuestario en favor de África. Y, por otra parte, la mayoría tienen un cruce de intereses, en algunos casos con puertas giratorias incluidas, con los grandes grupos industriales y financieros que entran en África de la mano de la corrupción de las élites políticas contribuyendo al pillaje y obstaculizando el crecimiento de una economía de mercado sana de pymes y cooperativas.

Está claro que la solución estructural de África pasa por un autodesarrollo basado en las propias capacidades y el comercio justo con el mundo desarrollado. Y, para llegar a eso, es imprescindible que Europa se moje abiertamente a favor de los regímenes democráticos y arrincone los autoritarios. Esto también significa enfrentarse a China que no tiene ninguna manía --dictadura como es-- en apoyar cualquier régimen por sanguinario que sea mientras haga negocio.

Europa debería interiorizar que la única forma de competir con los mercados continentales americano y asiático es creando una área europea-africana que permitiría la externalización de ciertos procesos productivos y contribuir al desarrollo del continente que tiene más recorrido para crecer.

Un continente actualmente en manos de oligarquías reaccionarias alimentadas por Europa o China, y donde la depredación de las materias primas justifica y alimenta un mercado de armas del que son responsables los estados que luego hacen ver que lloran ante los dramas de los náufragos. Del tema también se habla en otra novela negra que acabo de leer, El Leopardo, del nórdico Jo Nesbo, donde el personaje criminal protagoniza episodios especulativos en torno al mineral del coltán, el Congo, financiando a asesinos camuflados en movimientos guerrilleros.

Precisamente porque en Europa no cabemos todos, y no se puede permitir que miles de personas mueran en el mar, cualquier medida acogedora o militar sólo es un parche para el corto plazo.

POST DATA

Otra reflexión post Sant Jordi. Estas novelas negras descriptoras de la realidad social donde han triunfado los literatos nórdicos han llegado con retraso a nuestros mercados. De la misma manera que el impacto internacional de escritores como Jaume Cabré, Sánchez Piñol o Quim Monzó ha costado mucho y es demasiado excepcional para la literatura catalana.

Si Europa quiere fomentar el respeto a la nueva diversidad que significa la inmigración masiva, ¿no sería lógico que fomentara también la propia diversidad autóctona de culturas y lenguas de escasa demografía? Estamos ante un régimen de trust o oligopolio de mercado cuando unas pocas editoriales de unas pocas lenguas dominantes saturan el mercado y bloquean de forma habitual el acceso a él de los creadores de lenguas medianas o pequeñas: desde el islandés al catalán, pasando por todas las nórdicas y las eslavas. ¿Europa, que es capaz de regular al detalle la forma de producción de los quesos, será capaz de promover el libre mercado y la traducción interlingüística entre las creaciones de las culturas no dominantes, tengan Estado detrás o no?

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