Adiós a la suerte paradisíaca de Andorra

16 de marzo de 2015 (00:00 CET)

El coprincipado pirenaico de Andorra, con una larga tradición histórica, ha resistido en el contexto internacional gracias a una suerte de privilegios políticos y económicos que le permitían ganar competitividad con sus vecinos europeos en varias materias 

El turismo ha ayudado a su supervivencia, pero su principal ventaja comparativa ha estribado en las diferencias políticas que ha mantenido durante largo tiempo. Una fiscalidad diferencial con España y Francia, un negocio bancario émulo del suizo y una larga tradición democrática pero de avance muy lento y prisionero de cierto caciquismo feudal han sido los rasgos definidores del estado andorrano.

Curiosamente, algunos ciudadanos menos conservadores vieron hace unos años que el papel de paraíso fiscal y de reino de la mantequilla y el queso eran unos cimientos débiles para proyectar en el futuro. No se equivocaban, la OCDE ha puesto el cerco a todos y cada uno de los refugios tributarios que campan por el planeta y de los que cada gran país parecía poseer una plaza off shore propia.

Con garantías y con tiempo para adaptarse, Andorra aspira a homologarse con un estado europeo, pero manteniendo sus especificidades. Por ejemplo, no les encaja la libre circulación de personas, puesto que su morfología de pequeño país podría verse afectada por flujos migratorios incontrolados. En el resto, sólo piden tiempo.

Se acabó disponer de una economía que vivía de diferenciarse de España o Francia en lo político

EEUU es el responsable de poner patas arriba la arquitectura institucional andorrana. El golpe recibido desde el Tesoro americano es casi un KO. Toda Andorra busca una solución urgente al problema abierto. Su sistema financiero está tocado porque tenía las puertas abiertas no sólo a la protección de los defraudadores fiscales, sino también a actividades delictivas de incluso peor calaña.

Sus instituciones bancarias reguladores y fiscalizadoras, el Instituto Nacional Andorrano de Finanzas (Inaf) y la Unidad de Inteligencia Financiera Andorrana (Uifand), pueden ser amortizadas. Han sido inútiles. Cabe preguntarse si porque su vista estaba orientada a otros menesteres más placenteros y complacientes o sencillamente a cumplir con el poder bancario del país.

Se acabó el paraíso andorrano en sentido amplio. Tanto da que sea el turismo o el inmobiliario los que hagan de sustitutos, pero el modelo de economía con ventajas competitivas en tributación y secreto bancario debe erradicarse sin dilación. Ah, y además si quieren ser de verdad homologados con sus vecinos europeos, colaboren, y no con la boca pequeña, con la justicia española. Empiecen por explicar con claridad lo que los jueces les piden sobre los Pujol o sobre Bárcenas. Déjense de pretéritos privilegios, esa condición ha muerto con la crisis de su sistema financiero. El entierro se está convocando.

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