Abengoa, cuando el apellido Benjumea deja de ser garantía suficiente

28 de septiembre de 2015 (19:52 CET)

No está España sobrada de grandes y buenos proyectos empresariales y uno de ellos era y es Abengoa. Aunque para que lo siga siendo la compañía sevillana, fundada año y medio después de que finalizara la Guerra Civil Española por Javier Benjumea Puigcerver y José Manuel Abaurre Fernández-Pasalagua, tenga que soltar lastre liberando a su presidente,  Felipe Benjumea, tras 25 años como presidente ejecutivo, de la pesada carga de dirigir la compañía; suspender el dividendo e ir a una ampliación de capital de 650 millones de euros que es un primer paso para tratar de embridar una abultadísima deuda que algunos analistas cifran en el entorno de los 10.000 millones de euros.

En 2014 la deuda de Abengoa llegó a superar los 13.440 millones de euros, lo que suponía cinco veces el beneficio bruto de explotación (EBITDA).

La compañía, que al término del primer semestre de este año había obtenido unos exiguos beneficios de 72 millones de euros con un capital de 847 millones de euros –el menor de todas las compañías del Ibex-, no ha conseguido superar la crisis en la que entró en el último trimestre del pasado año. En aquel momento, pasó de ser una de las estrellas de la Bolsa española a que sus acciones cayeran en el mismo mercado hasta un 60%, propiciando un estado de riesgo financiero difícilmente homologable.

Triste final escrito por los bancos acreedores para una empresa familiar con el que terminan 74 años de historia y que supone la pérdida del control de sus accionistas principales, vinculados a las familias fundadoras.

La historia del último año de Abengoa es la historia de intrigas y de luchas por la supervivencia. Se mezclan dimisiones, intentos de maquillaje de las cuentas, ampliaciones fallidas de capital, duros castigos por parte de las agencias de rating y de los inversores internacionales e intentos de reducir el elevado apalancamiento. Al final, los bancos acreedores deciden tomar cartas en el asunto e imponer dimisiones familiares y durísimos ajustes para asegurar la supervivencia de la empresa.

La ampliación de capital de 650 millones de euros (la capitalización bursátil de la compañía el pasado jueves era de 748 millones de euros) supone un importante impacto dilutivo para los accionistas, a menos que acudan a la ampliación que, en cualquier caso, está asegurada por los bancos Santander, Crédit Agricole y HSBC (465 millones), por la familia Benjumea (120 millones) y por la gestora de fondos Waddell & Reed (65).

El desenlace Abengoa pasa a engrosar la lista de fracasos de empresas familiares que no han sido capaces de superar un periodo de crisis económica y cuya gestión, para muchos, deja mucho que desear. En esa lista aparecen empresas relevantes, siendo la  más significativa y cercana en el tiempo: FCC, cuya travesía del desierto ha sido también motivo de culebrones periodísticos y cuyo desenlace no dista en demasía del impuesto a la familia Benjumea.
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