A nueve meses del referéndum escocés

10 de enero de 2014 (00:00 CET)

¿Qué razón de ser tendría el nacionalismo escocés si en el referéndum de setiembre se confirma la mayoría del “no” que dan las encuestas? Los sondeos discrepan en el margen del “no” sobre el “sí”, pero en todos se reafirma la pertenencia de Escocia al Reino Unido. Como es sabido, la pregunta del 18 de setiembre es: “¿Debería ser Escocia un país independiente?”. Por ahora, el informe El futuro de Escocia no ha alterado las tendencias de voto. La bruma es un componente fijo de los castillos escoceses.

La preferencia por el “no” se mantiene estable, con muy ligeras oscilaciones
. Por ahora, el “no” predomina ampliamente --hasta un 68%-- en las zonas escocesas más prósperas. En el Reino Unido, los flujos de las casas de apuestas acostumbran a ser indicadores de fiar. Las apuestas --algunas muy altas-- son por el “no”. Según el periódico The Scotman, los puntos de ventaja del “no” van a más y de ahí el incremento de apuestas elevadas. En la historia de Escocia, no ha habido otro caso de apuesta tan concurrida.

 
La apuesta por el "no" se impone en Escocia
Los argumentos económicos a favor del “no” se basan en la pérdida de aportaciones presupuestarias británicas, la desvinculación de la Unión Europea, añadir incertidumbre al estado de bienestar, las pensiones, los subsidios agrícolas de la Unión Europea o la baja de precio del petróleo del Mar de Norte. Como en otros casos de secesionismo, que la independencia signifique quedar fuera de la Unión Europea da fuerza al “no”. La Comisión Europea ha sido muy clara: si parte de un Estado-miembro se independiza, los tratados comunitarios ya no valen para ese territorio escindido.

Las promesas del independentismo ni tan siquiera compensan las desventajas del statu quo actual. En Escocia, la secesión es vista mayoritariamente como un parto doloroso. Esta coyuntura histórica tiene precedentes diversos. En 1979, la autonomía escocesa fue consultada: hubo una levísima mayoría a favor, pero sin alcanzar el umbral del 40% que se requería. En 1997, una nueva consulta dio el “sí”. Se transfirieron competencias y quedó constituido el parlamento escocés.

Ahora el envite es la independencia, y los porcentajes iniciales de indecisos están engrosando la opción del “no”. El salto de la autonomía a la independencia, al menos nueve meses antes de la consulta, no convence a los escoceses. Fundamentalmente, pertenecer a un Estado y seguir en la Unión Europea es un mal menor si se compara con las contingencias realmente incalculables de quedarse fuera del Reino Unido y a la vez de la Unión Europea. Hagan sus apuestas. Los bookies tienen la taquilla abierta.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad