A Bankia se le va la mano

05 de mayo de 2014 (19:02 CET)

Uno de los grandes aciertos de José Ignacio Goirigolzarri al frente de Bankia ha sido el tono empleado hasta ahora. Tras los duros desastres de Bankia y sus siete cajas con los clientes, bien por las preferentes vendidas, bien por las acciones que les colocaron en la salida a Bolsa, Goirigolzarri optó por emplear un tono de humildad. De casi pedir perdón a los clientes por algo que no era responsabilidad suya. Fueron sus predecesores Blesa y Rato los que colocaron las preferentes y las acciones, respectivamente.

Sin embargo, este perfil bajo, poco acorde con los usos y costumbres del sector financiero, no ha durado mucho tiempo. La presentación de resultados del primer trimestre de 2013 fue por otros derroteros y ya José Sevilla, el número dos de Bankia, salió enseñando músculo.

En Bankia parece que ya se quieren comparar con el resto de grandes entidades financieras española, ¡cómo si fueran lo mismo! Es verdad que a la hora de pelear por los clientes, lo mismo da Bankia, que el Popular o La Caixa. Pero, ¿tiene sentido que se quieran comparar en cualquier línea de la cuenta de resultados?

Bankia es una entidad dopada. Sus recursos propios están construidos con ayudas públicas de más de 22.000 millones de euros. Su desastre inmobiliario fue traspasado a la Sareb y a cambio recibió unos bonos que le dan sus intereses, algo que no le daba su cubo de basura inmobiliaria. Además, tiene tomados en el Banco Central Europeo 50.000 millones de euros, cifra que lejos de disminuir en los últimos trimestres, ha aumentado.

Así las cosas, con estas magníficas muletas que han sido imprescindibles para salvar Bankia y para salvar a sus depositantes, ahora resulta que los gestores quieren convencer a la sociedad de que son una de las entidades más rentables y se despachan con unas ratios, según las cuales, son la entidad más productiva por empleado y por oficina. No ha gustado la comparación en el sector en tanto en cuanto, dadas las carteras de deuda que ha construido con las ayudas recibidas, sería más rentable si cierra todas las oficinas y prescinde de toda la plantilla. Pero no se trata de eso.

Bankia ha dado un beneficio de 186 millones de euros, que si se suma BFA, se van a 250 millones. Es la entidad que más ha ganado en España, incluso más que el Santander (148 millones) o BBVA (155 millones), a los que si les restas las pérdidas de su actividad inmobiliaria se quedan lejos de esa cifra.

Qué cara se le pondría al Banco Popular cuando oyó presumir a Bankia de productividad. Ellos que han presentado un modesto beneficio de 63 millones de euros, un tercio de lo que gana Bankia. Eso sí, no han recibido ni un euro público; sus accionistas vieron como la acción caía más de un 90% en poco tiempo y además suscribían una ampliación de capital para sanear la entidad: no tienen ni a papá Estado ni a mamá Sareb solventando las cuentas.

En la rueda de prensa de presentación de resultados, Sevilla se permitía el lujo de decir, más o menos, que se dejen los bancos de dar la tabarra con eso de que la culpa de la crisis es de las cajas, que eso es “arqueología financiera”.

La entidad que ha sido salvada por cuestación popular y de sus competidores, no puede salir ahora a dar lecciones. De acuerdo que los gestores son distintos, pero deberían ser conscientes de que la competición está adulterada. Bankia está participando en la vuelta a España en un vehículo pagado por el resto de los equipos, que van, como siempre en bici.

Es evidente que no se puede subir al pódium y que harían bien en recuperar el low profile (perfil bajo) que han venido utilizando hasta ahora con tan buenos resultados.
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