2013, año por la supervivencia

30 de diciembre de 2012 (12:39 CET)

Permítanme que en medio de los augurios negros, al menos en nuestras latitudes, para el año que comienza dentro de dos días, quiera hacer memoria de la actividad pedagógica que hacen las tanto despreciadas Naciones Unidas. Los años internacionales son un instrumento. El 2013 ha sido declarado Año de la Cooperación en la Esfera del Agua. La declaración pone de relieve que el agua es fundamental para el desarrollo sostenible y en particular para la integridad del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre, es indispensable para la salud y el bienestar humanos y es crucial para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Uno de ellos, lograr la meta de reducir a la mitad, para 2015, el porcentaje de personas que no tienen acceso al agua potable ni a un saneamiento básico, y elaborar planes de gestión integrada y de aprovechamiento eficiente de los recursos hídricos para 2015. Lo he escrito en otras ocasiones. Cada vez tendrán sólo sentido las empresas destinadas a solucionar problemas, no a crearlos. Los retos crecientes de sostenibilidad y el progreso de la conciencia de la sociedad harán que las primeras reciban premios, y las segundas sanciones.

El agua, su distribución y su saneamiento y regreso al ciclo, y todas las medidas de ahorro y eficiencia, son una asignatura pendiente en la mayor parte del mundo. Los avances tecnológicos no son suficientes. ¿Vamos a un modelo difuso o concentrado de gestión del agua, o a uno mixto? Porque un bien limitado como éste provoca las tentaciones de los grupos oligopólicos y rentistas, que se tendrán que controlar democráticamente y desde el asociacionismo de consumo.

El otro año internacional de las NNUU es el Año de la Quinoa, a iniciativa del presidente de Bolivia, Evo Morales. Su lema, Un futuro sembrado hace miles de años, quiere resaltar la enorme importancia nutricional del vegetal. La quinoa es una planta cultivada principalmente por su semilla comestible. Se considera que es un pseudocereal. La quinoa en realidad es una nuez pequeña, de unos dos milímetros, y, por tanto, y, en sentido estricto, es un fruto seco. Su origen está en la región andina de América donde era una especie cultivada muy importante al lado de la patata y el maíz, durante 6.000 años.

El nombre proviene de la lengua quechua. Para la civilización Inca era una planta cultivada sagrada conocida como chisaya mama o la madre de todos los grandes, pero a los conquistadores españoles esta veneración les pareció una burla sacrílega del sacramento de la comunión cristiana y desterraron el cultivo. Como siempre, España mezclando ideología con economía.

La quinoa se puede cultivar en todo tipo de clima y altitudes, soportando temperaturas desde los -8 grados hasta los 38; se puede sembrar desde el nivel del mar hasta los 4.000 metros de altura y es resistente a la sequía y los suelos pobres. El alto contenido en saponina de la cubierta de la semilla hace que los pájaros no ataquen el cultivo. Las NNUU la consideran una supercosecha por el alto contenido en proteína que tiene (12-18%). Además, contiene todos los aminoácidos esenciales de manera equilibrada. Es rica en fibra dietética, fósforo, magnesio y hierro. Además, no tiene gluten y es fácil de digerir. El Año Internacional de la Quinoa pretende promover su producción como alternativa nutricional por su gran versatilidad. Ante el desafío de alimentar a la población del planeta en un contexto de cambio climático, la quinoa, originaria de los Andes, aparece como una alternativa para aquellos países que sufren de inseguridad alimentaria.

Los principales países productores son Bolivia, Perú y Estados Unidos. El cultivo de la quinoa ha trascendido las fronteras continentales: es cultivada en Francia, Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Holanda e Italia. Por ejemplo, en Kenia se mostró altos rendimientos de semilla y en el Himalaya y las llanuras del norte de la India, el cultivo podría desarrollarse con éxito.

La quinoa y su cultivo es una oportunidad contra el hambre, pero también para una alimentación sana en todo el mundo. Se ha tenido que buscar entre naciones amerindias marginadas este vegetal para la agricultura colonial y los terratenientes habían estado a punto de hacer perder el rastro. Una vez más, un reto como la biodiversidad y la recuperación de vegetales en vías de extinción es asumido desde diversas instituciones de investigación en Catalunya, y desde la sabiduría popular de los campesinos profesionales o aficionados.

Todos ellos han preservado esta riqueza por encima del imperio de un mercado alimentario también demasiado dependiente de pocos proveedores y con un modelo contrario a la sostenibilidad: productos procedentes de lejos, fuera de temporada, con huella ecológica y de variedades estandarizadas, en lugar de productos de cerca, de temporada y de multitud de variedades locales o incorporadas. Otro campo, pues, para trabajar en 2013. ¡Démosle la vuelta a la fatídica cifra!
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