Vida y poder: la filosofía del dinero

19 de mayo de 2013 (18:45 CET)

La crisis económica se refleja y se proyecta en el mercado, en la sociedad, en el individuo y en el Estado y, por esa conjunción, podemos decir que se trata de una crisis social con toda su complejidad. Desde que la crisis se evidencia, los análisis se disparan en cada uno de esos ámbitos, por lo que debemos observar la naturaleza y los contextos para adentrarnos en las vías de salida y superación de la actualidad creada.

Esta crisis social resalta que el regreso a las posiciones de origen no es posible, donde, además, siguiendo a Heráclito y su “todo fluye”, ningún retorno es verdadero regreso. En ese contexto, hay que poner remedio y medios para paliar los posibles resultados adversos, por ello, la crisis es ocasión de agudizar las posibilidades, es situación de encrucijada y elección, y es encuentro con nuevas realidades; de ahí la idea de avance, evolución y desarrollo.

Desde el 2008 hasta ahora, la conflictividad y realidad en imágenes de la crisis, vinieron ofrecidas en manifestaciones por los Estados sureños de Europa, como Grecia, Portugal, Italia y España, que veían peligrar la estabilidad de sistemas consolidados hasta la fecha. Pero, ¿quién los sostenía? Queda patente aquí el papel de los que llevaron la política económica, a quienes debiéramos exigirles responsabilidades.

Poderoso caballero es don dinero. El dinero era y es el signo de la riqueza y del dominio, convirtiéndose en factor, elemento y referente del poder, del hacer y del saber. El dinero era la medida, el valor y el símbolo cualificado, tal como nos señala Simmel en La filosofía del dinero. El intercambio, el marginalismo, las decisiones racionales y el construccionismo, como marcos teóricos, sirvieron, instrumentalmente, para conformar un modelo de crecimiento, de progreso y de desarrollo, pero sin límites en los precios, en los sueldos, en los salarios, en los costes, en las inversiones…En definitiva, revisar el valor de uso y el valor de cambio se convierte en elemento evaluador de la crisis. ¿Qué pedagogía utilitarista estuvo en práctica? ¿Solo enriquecimiento coyuntural?

La crisis pone de manifiesto el desajuste en un esquema de evolución permanente, donde el dinero “estaba fácil” en todos los sentidos y en todas las direcciones, abarcando al ámbito público y al ámbito privado. De ahí, que es urgente y necesaria la visión del mundo económico en los individuos, en el Estado, en el mercado y en la sociedad, donde hay especial obligación en los partidos, en los sindicatos y en los empresarios, así como en los técnicos, que han de definir no ya diagnósticos, planes y programas, sino ajustes sobre objetivos y finalidades en la economía productiva, aparte de la especulativa y del negocio.

Se plasman efectos y manifestaciones de la crisis que inciden y afectan directamente a los modos de vida, a las relaciones y a las posibilidades de cada quien. Hay, pues, un nuevo escenario complejo y perplejo, ya que quedaron alteradas las maneras que se venían practicando. Se produce una alteración de los factores: por agotamiento del modelo de desarrollo y crecimiento existente; por el pinchazo de las burbujas y orgías practicadas hasta ahora, donde hacía escuela la ministra Carmen Calvo, que sostenía que el dinero público no era de nadie. La deuda y el déficit formaban parte del escenario con el PIB y con la Renta Nacional. ¿Qué valor tienen los programas de los partidos en las elecciones? ¿Dónde se sitúa el deber de los gobernantes democráticos?

De hecho, desde el 2008 hasta ahora, hemos observado tres momentos diferentes de respuesta: 1) La estimación de la crisis, aparte de los vaivenes y falsas radiografías de situación realizadas por los políticos y agregados. 2) Las medidas de reforma empezadas por Rodríguez Zapatero y continuadas por Mariano Rajoy. 3) La austeridad y sus consecuencias. Pero, ¿a dónde vamos y cómo vamos? ¿Sólo sostienen la crisis los de siempre?

Acciones, reacciones y repercusiones en todos los frentes, quedando claras algunas lecciones que, vía de hecho y de derecho, se convierten en referencias: el fin del despilfarro y derroche, la insostenibilidad de defensa de prebendas de la casta enquistada en el poder, la terminación de un posibilismo infinito, la eliminación de los privilegios, pero, sobre todo, la necesidad de una justicia y una equidad que oferten seguridad, ya que los bienes y recursos en economía son escasos, tienen límites y hay que racionalizar, jerarquizando y dirimiendo objetivos, metas y finalidades.

Vicente González Radío es catedrático de universidad
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