Vendemos buques de guerra, ¡qué fruslería!

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CUADRANTE DE REFLEXIÓN

26 de marzo de 2015 (22:46 CET)

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, su abreviatura en inglés) acaba de hacer públicos los datos de ventas de armas en el mundo correspondientes al período 2010-2014. España continúa ocupando el 7º puesto. Aproximadamente, las exportaciones realizadas son el 3% del total, porcentaje similar al de Italia, y un poco por debajo de Reino Unido, Francia, Alemania y China, cada uno de ellos con un 5%. Continúan ocupando el liderazgo de este ranking Rusia con el 27% y Estados Unidos con un 31%.

Si nos centramos en los datos españoles vemos que los mayores contingentes corresponden a aviones de transporte y buques de guerra, siendo partidas muy inferiores las obtenidas por la venta de sistemas de radar, motores o armas ligeras. Del total de la cifra de negocio, un poco menos del 50% son los ingresos por la venta de buques de guerra. Su desglose principal (en un período un poco más largo y, obviamente, coincidente con los años en los que los países clientes hicieron los mayores pagos) corresponde a la venta de patrulleros a Venezuela, fragatas a Noruega y los HMAS Canberra y Adelaide a Australia.

En los años en que se ingresan esos cobros la cifra total del negocio de exportación de armas se eleva considerablemente. Este hecho, tan fácil de extraer del informe y tan difícil de entender por parte de muchos políticos, no tendría mayor trascendencia ante la opinión pública si se explicase convenientemente, con transparencia y rigor.

Algo muy alejado de ejemplos como los vividos en los últimos años: el último gobierno de Zapatero, más preocupado por aportar glamour e imagen a sus acciones que por los trabajos en los astilleros; el actual ministro de Industria, señor Soria, que ante las preguntas acerca de en qué fase se encuentra el proyecto de las fragatas F-110 se declara "incompetente", pasándole el testigo al titular de Hacienda; el nuevo líder socialista que imagina su modelo de sociedad sin Ministerio de Defensa (jamás el hombre, desde sus primeras agrupaciones en tribus, ha podido vivir sin defenderse de ataques de otros hombres); o políticos de nueva hornada que proponen acabar con los ejércitos, los sistemas de Defensa y la tenencia de armas, y transformar a España en un país neutral, sin importarles –ni conocer- la historia, la posición geoestratégica, la posición internacional ni nada que pueda sonar a la defensa de un Estado.

En el otro platillo de la balanza tenemos a la industria de la construcción naval y lo que representa. España es una de las grandes potencias mundiales en la construcción de buques militares. Astilleros especializados y ciudades –como el caso de Ferrol- que se desarrollaron fundamentalmente para acoger un Arsenal y una potente base de la Armada.

Las condiciones impuestas por Europa primero, la fuerte competencia en el negocio de construcción civil más tarde, y la transformación de la flota que necesita la Marina con la política de recortes generados por la crisis (como al resto del sector público), generaron un alto número de desempleados y llevaron a ciudades como Ferrol (también a Cádiz) a una situación de emergencia económica. Pérdida de población, cierres de empresas auxiliares, cierres de comercios, emigración de los más jóvenes y preparados, desatención al patrimonio y los cascos históricos, y un largo etcétera, son las consecuencias más visibles.

Por todo esto parece necesario exigir un poco más de prudencia -y preparación- a los aspirantes a representantes políticos, opinólogos y profesionales tertulianos. Especialmente en temas tan sensibles como la venta de armas, la consideración de los buques de guerra como armas (una perogrullada desconocida por muchos) y lo relevante que es para miles de personas poder continuar construyendo barcos. Conocedores de que si no los hacen ellos, los harán otros países de nuestro entorno, socios europeos y a la vez competidores en la industria naval.

 

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas

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