Sociocracia ya

18 de noviembre de 2012 (13:43 CET)

¿Cómo puede ser que nada más realizarse una huelga general, con una gran parte de la población representativa de este país en las calles, lo primero que se le ocurra decir al gobierno es que no va a variar su política? ¿Cómo es que la valoración de un presidente y su gobierno sea la más baja de todas y esto se tome como quien oye llover? ¿Cómo es posible que un 30% del censo electoral sea el que determine un gobierno imponiéndoselo al 70% restante? ¿Cómo se puede pasar un programa electoral, que debería ser como un contrato, por el arco del triunfo? ¿Es esto democracia? Que esto sea mejor que nada, o que una dictadura, resulta ya un mal consuelo.

Que el actual sistema resulta caduco y que está viciado salta a la vista. Solo así se explica que mediante la legitimación que conceden unas papeletas cada cuatro años, el gobierno y los políticos de turno puedan pasar olímpicamente de la población y hacer lo que les viene en gana. Da igual que haya dos huelgas generales, como si hay ochenta, da igual que la gente no vaya a votar o vote cada vez menos, da igual lo que piensen, digan, califiquen o deseen. También da igual lo que se haya dicho o prometido que se iba a hacer, sobre todo en campaña electoral, ya que una vez obtenido el poder se ponen al país por montera y hacen lo que les sale de las narices. Da igual que los jueces y la judicatura en general se manifieste en contra de las medidas del ministerio. Da igual que hayan muerto unos jóvenes por la enésima negligencia en el control de los establecimientos de ocio de la capital. Aquí no pasa nada, se creen que tienen patente de corso para hacer lo que les da la gana. Ya tocará volver a poner cara de buenos un mes antes de que se lleven a cabo las elecciones y, ala, otros cuatro años para pasar de todo.

Total, tienen que elegir entre nosotros y otros, así que malo será que no nos toque repetir o, en el peor de los casos, esperar un poco.

El desprecio a la población española está alcanzando cotas insultantes por parte de la clase política y dirigente. El 15M: unos hippies perroflautas; la marcha de los mineros: una forma barata de hacer turismo; el independentismo catalán: ganas de tocar las narices; el vasco: unos descerebrados. Pero ministro, que todos los españoles mayores de 18 años te han dado una nota media que apenas llega al 2: no pasa nada. Pero si a mí me puntuasen así en mi empresa o puesto de trabajo me echarían: es que eres un pringado. Para eso está la política, para parapetarse. No para servir al ciudadano, eso es el envoltorio, pero por dentro está la gran merienda de negros. Y ya les pediremos el aval con su papeleta ridícula en la próxima convocatoria, mientras tanto a tejer lo mío, que para eso he vendido mi alma al diablo y tengo que amortizar bien la inversión. Pero es que para más escarnio o tomadura de pelo, casi llamándonos imbéciles a la cara, luego dicen que es “por el interés general”, es decir, que su sarcasmo, jeta, falsedad, hipocresía e insulto a la inteligencia y al civismo no conoce límites.

¿Dónde está para ellos el interés general?: si no está en las manifestaciones, ni en el descontento general, ni en las valoraciones estadísticas, ni en las cifras de paro, ni en el estado de bienestar, ni en la clase media, ni en el poder adquisitivo de los españoles, ni en la paga extra de los funcionarios, ni en los jueces, ni en la comunidad educativa, ni en la sanitaria, ni en el sector lácteo, ni en el naval, ni en el minero, ni en la investigación; entonces está claro dónde está ese interés, pero se confunden al llamarlo general, porque clarísimamente es particular. No gobiernan para la ciudadanía, gobiernan para ellos y los suyos.

Mientras la participación ciudadana brille por su ausencia, las manifestaciones sean mera guerra de cifras, las valoraciones de la población sirvan para el chascarrillo tomando el café de la mañana, mientras un programa electoral tenga menos valor que una carta a los Reyes Magos, mientras se socaven los derechos, etc..., esto seguirá siendo una tomadura de pelo, una estafa e insulto a la democracia. La ciudadanía no puede seguir consintiendo este ninguneo y debe intervenir, exigir, mediante grupos de presión, redes sociales, insumisión, denuncias, protestas, etc. Hasta que se oiga nítida y contundentemente nuestra voz, no cada cuatro años y no a través de los medios de comunicación supeditados a los intereses políticos. Es la hora de la sociocracia, de que la ciudadanía asuma protagonismo, responsabilidades y también las exija.
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