Ser Elena Rosell cuesta casi medio millón de euros

28 de junio de 2011 (19:21 CET)

Incluso los no aficionados al deporte es posible que hayan escuchado el nombre que aparece en el titular durante la última semana. Se trata de una piloto de motociclismo valenciana que a punto ha estado de convertirse (una caída en los entrenamientos oficiales se lo impidió) en la primera mujer española en participar en una prueba del Mundial. Jorge Martínez Aspar, ante la lesión de uno de sus pilotos, decidió confiar en ella para la disputa del Gran Premio de Holanda, aunque las malas condiciones meteorológicas influyeron para que se debut se produjera, finalmente, en la carrera del sábado 25 de junio.

Lo que quizá la mayoría de las personas desconocen es lo que hay que hacer para llegar hasta ahí. O mejor dicho, cuánto hay que gastarse para llegar hasta ahí. Porque existe la creencia de que todos los deportistas de alto nivel cobran o viven con paga, cuando el mundo del motor ocurre lo contrario: si no pagas, no corres.

Es evidente que Jorge Lorenzo, Héctor Faubel, Valentino Rossi o Dani Pedrosa no se encuentran en esta tesitura, pero sí tuvieron que seguir el mismo camino que comentábamos anteriormente. Esto no es fútbol o baloncesto, donde te gastas dinero en botas, equipo y viajes. No es tenis, donde pagas tus viajes pero a partir del Top100 puedes vivir tranquilamente. Ni siquiera golf, en que los palos y el caddie son caros pero no los pagas más que una vez al año.

En el motociclismo, como en el automovilismo, el/la que corre es porque paga. Y punto. Pocos patrocinadores hay que apoyen con dinero a gente que vaya a competir en campeonatos de escasa relevancia mediática y, por ende, de poco retorno publicitario. Así que, para llegar al Mundial, hay que haberse gastado (tirando por lo justo) alrededor de 200.000 euros. Es decir, una hipoteca media en tiempos de la burbuja inmobiliaria. Pero a pagar en un máximo de 10 años, no de 40.

La gran fórmula de iniciación y promoción es la Cuna de Campeones Bankia, en el Circuit Ricardo Tormo de la Comunidad Valenciana. Si eres de los buenos te lo pagan todo, pero si no, hay tres escalones donde comenzar a soltar la mosca.

Las minimotos son 4.000 euros al año, 90 centímetros cúbicos lo mismo, el paso a 140cc sube a 5.000 y en PreGP el tema se dispara hasta los 12.000. Quizá antes de dar el salto a la categoría nacional haya que pasar por un certamen intermedio (MotoDes, organizado por la Federación de Motociclismo de la Comunidad Valenciana), que casca otros 15.000.
Aquí quedan dos pasos ya para la élite: el Campeonato de España de Velocidad, de donde han salido la gran mayoría de los pilotos de élite que ahora pelean por títulos en el Mundial y el propio Campeonato del Mundo, palabras mayores deportivas y pecuniarias.

En el primero, totalmente profesionalizado y con rivales llegados desde todos los países del planeta (sin exagerar aquí estuvo el australiano Casey Stoner) se puede ir de comparsa o buscar ir a ganar. Para lo primero solo hacen falta 40.000 euritos de nada. Pero si se quiere pelear por el título de 125 (que ostenta Maverick Viñales, un chaval de 16 años que ya corre con los grandes y ganó la carrera de Assen hace unos días) la cosa va entre 100.000 y 125.000. Poca broma.

Y, como último salto, quizá un equipo del Mundial se fije en ti y te dé la oportunidad de estar con los mejores. Si es así, habrá que preparar una horquillita de entre 300.000 y 650.000 euros. En el caso de Elena, una joven humilde de Manises que lleva 10 años compitiendo, que ha gastado dinero propio (se ha buscado la vida con pequeños sponsors y que ha tenido la ayuda de su familia y amigos y siempre ha ido al límite presupuestario justo para poder optar a estar arriba con los mínimos gastos y medios) el tema se torna totalmente flagrante. Porque, después de todo el esfuerzo, cuando las cámaras se giran hacia ti, una intensa lluvia y una mancha de aceite te llevan al suelo.

Veremos si es posible que tenga otra oportunidad. No por ser mujer, sino por ser rápida, constante y por perseguir su sueño. Un sueño casi imposible de cumplir en un mundo en crisis económica galopante.
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