Sargadelos, más que una marca

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CUADRANTE DE REFLEXIÓN

02 de septiembre de 2015 (11:46 CET)

A la hora de definir los patrones básicos que deben guiarnos en la correcta gestión de una marca nos encontramos infinidad de corrientes de pensamiento, de escuelas diferentes. Es algo lógico, al tratarse de una actividad social, de una parte pequeña del amplio mundo del marketing. Sin embargo, soy de los que cree que la gestión de marcas merecería más atención de la recibida, por su impacto comercial tanto cuando crecen en valor como, en casos de "caída en desgracia", por las consecuencias que pueden llevar a arrastrar a las empresas que las sustentan. La literatura comercial recoge mucha información al respecto.

Probablemente entre los profesionales del marketing, o mejor, del comercio, podría encontrarse un denominador común: a todos les gustaría trabajar con una marca que tuviera una larga historia, fuese reconocible dentro y fuera del sector en el que opera y representase a productos de alta calidad. Todas estas características, y algunas más, son inherentes a la marca Sargadelos.

Su historia arranca en el siglo de las Luces cuando el comerciante asturiano Antonio Raimundo Ibáñez se instala en Ribadeo y crea la Real Compañía Marítima. Tomando como base de su negocio el comercio, puso en marcha primero una fundición de hierro y posteriormente la empresa de cerámica predecesora de la que hoy continúa funcionando en Cervo (Lugo). Su larguísima trayectoria está cuajada de una amplia nómina de artistas y diseñadores, incluidos ingenieros ilustrados ingleses, que dejaron su impronta; entre todos ellos han destacado las figuras de Luis Seoane e Isaac Díaz Pardo. Talleres de innovación, escuelas internacionales, intercambios de experiencias con otras fábricas de todo el mundo, la incorporación ya en época reciente de Cerámicas do Castro, la implantación de una potente red de tiendas y la creación de múltiples actividades culturales afines, como la editorial, han configurado el carácter de la marca Sargadelos. A todo esto, se une el gran valor patrimonial de la propia fábrica, inspirada en la Bauhaus alemana, y ahora reconocida como Bien de Interés Cultural y propuesta por la Academia de Bellas Artes para ser incluida en el inventario de patrimonio industrial gallego.

Hace ya muchos años que el producto Sargadelos está etiquetado en la mente de los clientes como un producto duradero, de alta calidad y con diseño propio. Las vajillas, figuras, joyas y otras manifestaciones artísticas, poseen la singularidad de aquellos objetos que son fácilmente reconocibles y valorados por amplísimas capas de consumidores, y no sólo gallegos o españoles. Afortunadamente este reconocimiento también le acaba de llegar por parte de la firma WallPaperStore, lo que supondrá la visibilidad de los productos Sargadelos en muchos aeropuertos internacionales y tiendas de diseño. Una buena noticia, sin duda, en medio del mar de turbulencias en que navega la empresa en los últimos tiempos, con problemas societarios, de reclamaciones entre herederos propietarios, un expediente de regulación de empleo y la entrada en concurso de acreedores.

Los números rojos publicados recientemente no parecen ser alarmantes. La capacidad de la empresa para superar sus dificultades parece más que acreditada. Con la liquidación de las sociedades vinculadas que no formaban parte de su negocio principal y los planes puestos en práctica para salir del concurso de acreedores, Sargadelos debe volver a la senda de la rentabilidad y la sostenibilidad de la empresa, del negocio, de la marca.

Desconozco si se ha realizado algún estudio que cuantifique el valor de la marca Sargadelos. Pero sí puedo afirmar que, comercialmente, estamos ante una de esas marcas que aportan una cuota de valor muy importante al patrimonio empresarial, industrial, artístico, cultural e identitario de la Galicia actual. Tiene ya siglos de historia. Ojalá tenga siglos de futuro.

 

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas

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