Recuperar el músculo fabril

17 de marzo de 2014 (14:28 CET)

No hay asunto que persista por largo tiempo en el vehemente y acalorado debate económico. Así, hoy apenas se escucha hablar de la necesidad de avanzar en la restructuración del paradigma productivo, cuando este fue un tema recurrente en el momento en que la hiperespecialización en asfalto y ladrillo pasó de ser el motor de propulsión de la economía a convertirse en su principal lastre.

En aquellas circunstancias hubo quien prescribió como remedio rápido dar entrada a nuevos sectores con mayor capacidad de desarrollo, como si se tratase de algo tan simple como relevar a unos exhaustos jugadores del campo de juego para dar a entrada a otros procedentes del banquillo; pero los verdaderos conocedores de esta estrategia apuntaron que este no es un cambio de rumbo ágil ni sencillo. Se trata, más bien, de un viraje que exige planificación y recursos suficientes. Dos elementos que, atendiendo a nuestra realidad, no abundan.

En cierta manera conectado con ese debate, se está suscitando un creciente consenso sobre la urgencia de reforzar el papel de la industria en la economía. España, en general, ha perdido músculo fabril y Galicia no es ajena a esta tendencia. Con el paso del tiempo, la aportación de su industria ha disminuido mientras que la de los servicios se fortalece. Tomando como muestra la década 2002-2012, la contribución de los servicios al VAB gallego creció un punto mientras que la industria se dejó algo más de cuatro.

La industria es el armazón más consistente y seguro sobre el que articular una economía, dado que aporta, entre otros valores, calidad y estabilidad al empleo y, proporciona un importante valor añadido. No por casualidad, las principales economías del mundo son también las más industrializadas. Al margen de su relevancia, los expertos advierten que la deseada recuperación solo arrancará cuando se registre un mayor dinamismo en la producción manufacturera.

La preocupación, por tanto, entre quienes se dedican al quehacer económico resulta evidente. Quizá por ello, dos importantes organizaciones empresariales han difundido sendas propuestas para recuperar el debilitado tejido industrial. La primera fue CEOE, que publicó una serie de recomendaciones sobre política industrial, a las que siguieron las lanzadas por Cotec, la fundación para la innovación tecnológica.

Sus respectivos documentos comparten numerosas semejanzas. Alertan, por ejemplo, sobre la necesidad de favorecer la expansión de este tipo de empresas en mercados foráneos y de suavizar su fiscalidad. En el apartado normativo, CEOE plantea poner coto a la proliferación de normativas y corregir las duplicidades existentes. La formación de los recursos laborales inquieta también a ambas organizaciones, lo que les lleva a proponer la participación de los empresarios en el diseño de la formación profesional, con el objetivo de ajustar su oferta formativa a la demanda del mercado de trabajo.

Otras propuestas pasan por apostar con resolución por el I D i y por reducir los abultados costes energéticos. En este último punto, CEOE demanda, al hilo de la polémica regulación del mercado energético, un marco estable que aporte seguridad jurídica. En cuanto a Cotec, su presidente, Juan Manuel Villar Mir, prevenía semanas atrás en A Coruña sobre la repercusión en el sector de los desproporcionados costes de la energía. Una opinión que deslizó con aparente intención, puesto que cuenta entre otros intereses en Galicia con Ferroatlántica, una de las grandes empresas consumidoras de energía en este país. Así las cosas, lo dicho por Villar Mir trae a la memoria la exigencia planteada por Alcoa en 2012 de rebajar los costes energéticos para evitar la deslocalización de sus factorías gallegas.
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