Presupuestos y expectativas nacionales

04 de noviembre de 2013 (12:28 CET)

Se presentan los presupuestos generales del Estado cuando estamos en plena confrontación política por la pretensión secesionista de determinados dirigentes catalanes, cuando se cuestiona y se busca salida a los pactos de Toledo, cuando algunos líderes autonómicos pretenden rebajar la carga impositiva en determinados impuestos, cuando los que tienen cupo siguen en sus ámbitos propios. Pero, ¿cuál es la presión fiscal?

Los presupuestos son los instrumentos que señalan la relación entre el coste-gasto-inversión y bienes-recursos-servicios. Marcan los objetivos, las metas y las finalidades. Es decir, pretenden dar ofertas a las demandas en el ámbito público y, la presentación de los mismos, está en consonancia con ritos y tradiciones y, así, aparece la evolución desde los tomos al pen drive. Pero, sometiéndose a la realidad, son elaborados por el poder ejecutivo y son canalizados al poder legislativo. Lo de la sociedad es otra cosa, ya que no participa ni activa ni pasivamente, aunque se hable de representantes. Pero, ¿cómo van a afectar en la renta y al poder adquisitivo del ciudadano?

Ahora parece que arreglando el campo financiero, la economía se ajusta. Otra cosa es el campo crediticio. De sobra se sabe formalmente el papel de la institución, el papel del gobierno, el papel de los administradores y el papel de los gestores, todos vinculados en, para y por el presupuesto y gasto público. Además se espera que, como ley, funcione adecuadamente: los gastos (léase inversiones), los ingresos (léase impuestos) y el consumo para incentivar el flujo económico. Pero, ¿qué va a pasar con el paro y el desempleo?

El Estado moderno ha conformado numérica y perfiladamente un escenario y unos actores combinando el plano cuantitativo y el plano cualitativo. Este marco va acorde con los niveles estandarizados y homologados, así como, también, de acuerdo a los modelos culturales de los grupos sociales integrados. ¿Cómo se explican las aplicaciones a la educación, sanidad, servicios sociales y justicia?

Nuestra modernidad afecta y vincula a España y a los países de la Unión Europea. De manera que hay homologaciones y comparaciones, semejanzas y uniformidades en los Estados de nuestro entorno. Pero, en nuestra postmodernidad, el Estado del Bienestar, ha tenido cuatro modalidades diferenciadoras en Europa: los nórdicos, la de los Estados centrales europeos como Alemania, Francia, etc., los británicos y los sureños; hay que ponderar cuatro realidades diferenciadores: la institución, el gobierno, la administración y la gestión. Pero, ¿cómo se regula y se reduce el gasto público?

La crisis económica ha sido el plano de referencia para explicar y justificar la recesión. Pero hay algo más: el modelo trata de mantener y alcanzar al menos similares niveles, que sean reflejo del crecimiento –si lo puede haber-, del progreso –si se plantea- o del desarrollo –si se vislumbra-. El presupuesto se presenta como la base para las actividades-actuaciones que desde el Estado se van a realizar y que pretenden ir acorde con los indicadores que exigen Europa, el FMI y otras agencias privadas. Pero, ¿dónde están las demandas particulares y cómo se cuantifican?

Un campo complejo que debiera ser clarificado por el Gobierno y los gobiernos autonómicos, ya que se despejarían dudas acerca de la corrupción, el clientelismo, el amiguismo y tantas figuras conexas. En ese sentido, se debieran clarificar los dos vectores que nos confunden: la realidad con la ficción, la posibilidad con la imaginación: la deuda y el déficit. El endeudamiento es una realidad que se edulcora para que no sobresalga la nuclearización de la austeridad y los ajustes y recortes necesarios. La deuda pública y privada sigue ahí; la deuda a corto, medio y largo plazo está en nuestro horizonte aplicativo; la deuda extranjera es una situación institucionalizada; la deflación y la refinanciación…están ahí, pero, ¿cómo se refleja en los Presupuestos?

Vicente González Radío es catedrático de universidad.
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