Presidente temporal y a tiempo parcial

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CUADRANTE DE REFLEXIÓN

16 de octubre de 2015 (03:38 CET)

Se están agotando los calificativos para definir la situación del presidente Mas. Hoy podríamos decir que es un presidente imputado. Otros días se le califica como un líder catalanista, presidente soberanista o presidente independentista. Según el medio o el político que emita el mensaje, se dice de Mas que ha sido un presidente corrupto, el presidente de los recortes, el del desgobierno o el líder monotema. Por el contrario, hay quien lo define como imprescindible para continuar con el proceso independentista, como un líder irrenunciable en esta nueva etapa, como un presidente experimentado en las tareas de gobierno (y alumno aventajado de un buen maestro) que, por lo tanto, deberá encabezar el nuevo ejecutivo de la república catalana.

Decenas de calificativos sobre su persona y sobre su gestión. En cualquier caso todos ellos conocidos, repetidos, redundantes y, si me apuran, hasta predecibles y un tanto aburridos. Menos mal que, en éstas, irrumpió la CUP en las últimas elecciones catalanas y, con su 8% de votos y 10 de 135 diputados, se aupó al podio de los políticos animadores de estas semanas posteriores al tedio electoral.

Los líderes de la CUP tienen imaginación. Son creativos, atrevidos, innovadores. Yo les escucho con toda la atención de que soy capaz y tomo nota de cada lección magistral de este grupo antisistema que se presenta a unas elecciones organizadas por el sistema para participar en el poder legislativo (y veremos si en el ejecutivo) del sistema. Del sistema catalán, pero del sistema.

Ya tengo una lista interesante que comienza por la propuesta de una presidencia rotatoria, tal vez inspirada en el modelo Putin-Medvédev aunque ésta sea en dos cargos y por imperativo legal. Le siguió la idea de hacer una presidencia coral, entre cuatro o cinco líderes significados. Uno podría firmar los decretos, otro inaugurar las obras, otro hacer de portavoz, y así. Recientemente trataron de promover una presidencia simbólica, algo así como una regencia al estilo de un monarca en un régimen parlamentario. Probablemente la siguiente propuesta (estoy expectante) sea la de hacer una presidencia asamblearia, aunque bien podría nombrarse a un presidente-consejero, o un presidente-coordinador de un ejecutivo, o un presidente-embajador ante el resto de España y Europa.

Quedan unos intensos días de negociaciones. En ellos se decidirá el papel del nuevo presidente. Un nuevo rol con nuevas funciones para el mismo Artur Mas, o las mismas funciones presidenciales para un nuevo Artur Mas. En el fondo la idea subyacente de su comportamiento es la misma, la que le trajo hasta aquí: la de querer desempeñar con mayor éxito el papel de presidente-recaudador. Un presidente al estilo foral, no coral.

Para eso repite constantemente que lo importante es el proceso en marcha y no la persona que lo lidere, con tal de que quien lo lidere sea él. No es, en esto, diferente a otros presidentes que se aferran a sus cargos, hagan lo que hagan en ellos. Mas no es gallego pero sigue el consejo del presidente Rajoy quien a su vez es un buen seguidor de C.J. Cela en aquello de "el que resiste gana". Esperemos que gane la presidencia, aunque sea de modo temporal y a tiempo parcial. Y nada más.

 

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas

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