Portugal, el héroe sorpresa

10 de abril de 2014 (11:50 CET)

El país vecino rememora estos días el tercer aniversario de su petición de rescate financiero. Ocurrió en abril de 2011: ante la imposibilidad de poder acudir a los mercados de deuda, el Gobierno luso se vio obligado a demandar asistencia a la troika, que estimó en 78 mil millones de euros el sostén necesario para evitar el colapso del país.

Esta efeméride se vive con doble sensación: por un lado se recuerda los dolorosos ajustes sufridos, por otro se cuentan los días que restan para dejar atrás el atosigamiento -éste es el sentimiento generalizado-, al que se ha sometido al país. El próximo 17 de mayo, Portugal concluirá el programa pactado con la Comisión Europea, el BCE y el FMI para iniciar un periodo “post-troika”. Está bajo discusión la modalidad de regreso a los mercados: suave, de la mano de algún programa comunitario, o limpia, recurriendo en solitario. En entredicho se encuentran también los plazos que los acreedores exigen para el pago de una deuda que asciende al 130% de su PIB.

A pesar de encontrarse en este momento crucial, resulta paradójico el escaso interés con el que se sigue la actualidad de nuestro país vecino y que, entiendo, no se corresponde con su dimensión económica para Galicia. Situado tan sólo por detrás de Francia en el ranking de principales mercados exteriores, las ventas a Portugal duplican a las de su inmediato seguidor. Además, la crisis que arrastran ambos territorios no ha mermado las exportaciones gallegas, aunque sí se han reducido las importaciones, en caída constante desde 2007.

En resumidas cuentas, cercanos en la distancia pero alejados en interés: este es el signo de la relación entre un lado y otro de la raia. Y eso que, al margen de los intercambios comerciales, la inversión gallega en Portugal ha crecido también. Un notable número de empresas se han instalado en los últimos años su región norte. Recientemente el director del centro de PSA Peugeot-Citröen en Vigo recomendaba a sus proveedores tener en consideración las condiciones laborales de Portugal, al describirlo como un mercado con prestaciones low-cost, justo el modelo del que quiere rehuir un país que, al igual que España, aspira a ser reconocido por ese binomio mágico de innovación e internacionalización.

Y esta no es la única analogía compartida. A los dos mercados ibéricos entrelazan numerosas semejanzas. Ambos han llevado a cabo en los últimos años un proceso de reformas estructurales, aunque con efectos más descarnados en Portugal. Ambos han salido de la recesión en 2013 gracias, entre otras razones, al empuje de de sus exportaciones y al buen comportamiento de su sector turístico. Ambos, incapaces de articular otras alternativas, ofrecen a sus jóvenes la emigración como única opción de futuro. Los diferencia, eso sí, el comportamiento general del mercado de trabajo. Portugal mantiene un nivel de desempleo “elevado”, en palabras de su primer ministro, al situarse en el 15%; mejor no buscar calificativo para el 26% que padece España.

En definitiva, ambos países han conseguido con grandes esfuerzos estabilizar sus indicadores macroeconómicos, aunque la economía real todavía avanza con evidentes dificultades. Aún así, los dos países están cosechando parabienes y alabanzas por parte de todo tipo de organismos e instituciones internacionales. Aunque, sin duda, mayor sorpresa ha producido la recuperación portuguesa. Así lo prueba el titular dedicado por el Financial Times: “Portugal, el héroe sorpresa de la Eurozona”.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad