¿Para qué sirve un blog de empresa?

24 de junio de 2014 (14:27 CET)

Tener blog o no tenerlo. Esa es la cuestión. Esa es la cuestión a la que casi todas las empresas se han enfrentado alguna vez a lo largo de su existencia. Al principio fue un furor que muchos vieron apaciguado con la llegada de las redes sociales, pensando que la moda ya había pasado y que había que ponerles el cartel de cerrado por defunción. Una vez más, la verdadera cuestión radica en complementar, no en sustituir, y a pesar de que a una isla desierta me llevaría las redes, el blog no suele ser contraproducente para ninguna organización.

Si te fijas, no digo que no es contraproducente, sino que no suele, porque sí hay situaciones en que es extremadamente perjudicial. Pongo ejemplos: cuando no se actualiza con frecuencia (con frecuencia no significa una vez por semestre); cuando presenta contenidos de baja calidad, mal redactados o con errores de puntuación; cuando está desestructurado o cuando, simplemente, está mal escrito. Especialicémonos y dejemos a los demás que sigan hablando de todo. El blog también es imagen y ahí hay un lamparón.

No es necesario que el blog esté alojado en la web corporativa para que denote calidad, aunque siempre debe servir para incorporar temas relacionados con la actividad empresarial o con el sector al que se pertenece. Si los artículos añaden más valor del que podamos ofrecer en la página web acabarán por convertirse en material de consulta y rastreo para los seguidores de la marca o de los productos ofertados. Esto nos convertirá en fuente y puede que hasta en referencia en el campo. Nuestro posicionamiento en buscadores también mejorará gracias a las visitas recibidas y el blog servirá, además, de canal de entrada de consultas y clientes. Si quieres, digamos que el blog funciona como escaparate, así que cuidemos la imagen, la colocación de los objetos, la luz y, obvio, no tapemos la puerta de entrada.

El blog también nos humaniza, hace a la empresa más próxima en Internet y transmite la sensación de que detrás de la marca hay personas. Por eso, es un mecanismo maravilloso para testar la opinión de los clientes acerca de un producto determinado y nos permite comunicarnos con ellos sin filtros innecesarios. Si te apetece puedes darle viralidad a su contenido a través de las redes. Ya sabes: se quieren, ni se odian ni se repelen.
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