Noruega ha roto el techo de cristal

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01 de mayo de 2011 (11:38 CET)

Desde la capital de Oslo, María R. Sauquillo nos explicaba en un magnífico artículo en El País, publicado el pasado domingo 24 de abril, el avance de lo que ha representado para Noruega la aplicación de la Ley de cuotas que obliga a tener un 40% de mujeres en los consejos de administración de las empresas públicas y de las que cotizan en bolsa. Gracias a la ley, las mujeres (evidentemente preparadas) han pasado del 7% en el 2002 al 44% en el 2010. Ha aflorado el talento femenino y una diversidad enriquecedora en el mundo empresarial de Noruega.

Ansgar Gabrielsen, ex-ministro de Industria y miembro del Partido de Centro es el que propuso la Ley de cuotas en 2002, originando una gran controversia. Los empresarios se pusieron por las nubes. Decían que no encontrarían tantas mujeres preparadas y dispuestas. Los medios atizar la polémica y aparecieron retractores en todas partes. Incluso, como ha sucedido aquí en España, algunas mujeres que estaban sentadas en los consejos también se pusieron en contra. Hacía años que Noruega había dictado normas de buen gobierno y recomendaciones a las empresas para que se abriesen al talento femenino. No se salieron. Los porcentajes de mujeres en los consejos de administración no subían.

España también ha dictado normas de buen gobierno cuando se pretendía incluir en la Ley de Igualdad (aprobada el 08.03.2007) la cláusula de la paridad en las empresas públicas y las del Ibex. A pesar de la pedagogía y el buen trabajo realizado por la incansable Soledad Murillo, entonces secretaria de Estado para la igualdad, no se consiguió "el visto bueno" de las cúpulas empresariales. Tuvieron que descafeinar con una norma de buen gobierno y la exigencia de una participación equilibrada en 2015. Actualmente estamos en los mismos porcentajes que en 2007. Aquí ni siquiera las empresas públicas, que pagamos entre todos, han seguido "las recomendaciones del buen gobierno". Cabe decir que en nuestro país, también surgieron muchas mujeres e incluso "grupos de empresarias" que no estaban de acuerdo con la ley de paridad en los consejos de administración. Decían que "ellas no querían ser cuotas". Parece mentira que las propias mujeres a veces se echen piedras sobre su tejado, como decimos aquí en Catalunya. No quieren ser escogidas por cuota, sino por su valía.

Sin embargo el Parlamento noruego aprobó la ley en 2003 con el voto favorable de todos los partidos del hemiciclo. El ex ministro Ansgar Gabrielsen, que actualmente es consejero de una empresa de desarrollo industrial, tiene el argumentario claro. No es tanto una cuestión de derechos ni de igualdad, sino que todo es un asunto de interés económico.

La Ley de cuotas es la única solución para que los hombres no se perpetúen en sus cargos y sigan llamando a "sus amigos y compañeros". Hoy en día en España la única cuota que existe es la de ellos. Sistemáticamente se eligen entre ellos, estén preparados o no. Noruega ha conseguido romper el techo de cristal. Pero lo ha hecho de la única manera posible: desde arriba. No olvidemos que es uno de los países más ricos de Europa, y Noruega es el primero en la lista en el índice de desarrollo humano de la ONU, en el que se mide el estado de bienestar. Además, tiene uno de los niveles más altos de natalidad: un 1'95%. Según otro estudio, es uno de los países mejores para ser madre. Lo cual no es un obstáculo para la carrera profesional femenina. Y es que la riqueza y el progreso de un país tiene que ver con el aprovechamiento del talento de todas las personas, hombres y mujeres.

Las mujeres están tan o más preparadas y formadas que los hombres, más del 50% de tituladas universitarias. Trabajan, aportan responsabilidad y sobre todo una visión a largo plazo. Todo esto son argumentos que pueden favorecer a las empresas. Según un estudio de Mckinsey, hay una relación clara y directa entre el rendimiento financiero, una mejor organización y el número de directivas en una compañía. En cambio nos avisan en este estudio que muy pocas mujeres pueden llegar a ser ejecutivas debido al techo de cristal.

Sin embargo las mujeres podríamos tener la clave si quisiéramos. Por ejemplo: tal y como hicimos el boicot a una empresa que explotaba niños pequeños también nos podemos negar a consumir productos de compañías que no quieren mujeres en sus consejos de administración. O, por ejemplo, ¿yo por que qué querría comprar un móvil de una compañía donde no hay mujeres en el consejo de administración? ¿Por qué quiero estar en una compañía como Telefónica, heredera de una empresa pública, si no hay mujeres en su dirección? Sabiendo y habiendo comprobado que ellas no pierden tanto el tiempo, son más austeras, mejores administradoras y más prácticas. Ellas son una garantía, tal y como nos dice el estudio de Mckinsey

Para la celebración del 8 de marzo, la vicepresidenta de la Comisión Europea, Vivien Reding, puso a Noruega como ejemplo y recomendó a los 27 a iniciar acciones para seguir su camino. Islandia tienen una ley similar y se debe cumplir antes de 2013.Ahora, varios estados aprobarán leyes similares: Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Italia, etc. 
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