No pasa nada

04 de junio de 2013 (01:23 CET)

Recordarán aquella otra Liga que el Deportivo estuvo a punto de ganar. No venció donde debía y los aficcionados enseguida chillaron “no pasa nada, la Liga está ganada”. Pero se perdió, la Liga. Cuando Lendoiro se asignó un salario equivalente al 1% del presupuesto del club, tampoco “pasó nada”. Ni cuando inutilizó operativamente la Asamblea, o cuando compró medianías a cientos de millones para cederlos a equipos de segunda, o cuando se embarcó en docenas de procesos judiciales por causas perdidas, o cuando manipuló la contabilidad y las auditorías, o cuando se negó a presentar las cuentas en el registro, o cuando fue sembrando la ciudad de facturas sin pagar, etc.; en ninguno de esos casos tampoco “pasó nada”. Y ahora he ahí el Deportivo, en grave riesgo de liquidación.

“No pasaba nada” tampoco cuando Méndez compraba su eficaz red de voluntades y favores, cuando desactivó cualquier sistema de control, cuando diseñó planes desatinados y se embarcó en proyectos disparatados, cuando asignó partidas económicas en función de intereses personales, cuando invirtió bajo su único y arbitrario criterio. El país asistía al proceso y se acogía a su máxima: “no pasa nada”. Con Gayoso, distinto pero igual. Personalidad de patriarca, gestión más propia de una hermandad que de una empresa, déficit directivo, arcaica gestión, incapacidad, se sabía y se manifestó después, pero, en efecto, ahí tampoco pasaba nada. Y ahora, de las dos entidades financieras gallegas, no queda más que un agujero negro que cualquier día el BCE mandará cerrar.

Por más consejos que se emitieran para sobreponderar sus acciones (¿!), el caso de Pescanova era objeto igual de rexoubas y dixomedíxomes. Se conocían los apaños de Fernández, su carácter volátil y su estilo autocrático, sus decisiones irreflexivas, los enormes problemas de gestión y la constante huida hacia delante. Pero tampoco pasaba nada y he ahí el gobierno gallego para apoyarlo incondicionalmente en cada nuevo salto mortal. Y ahora pues sucederá lo que tenga que suceder.

Podríamos alargar la lista hasta acabar con la capacidad de almacenamiento del servidor de ED. ¿Pues tampoco pasa nada con la corrupción de dirigentes políticos e instituciones, con la perversa confusión de los intereses públicos y personales, con la emigración de los jóvenes y de los no tan jóvenes, con los ayuntamientos gallegos inviables por falta de dimensión, con la letal ineficacia de las infraestructuras (especialmente los aeropuertos, factor clave para la pérdida de inversiones), con el estado y actitud de unos medios de comunicación difíciles de calificar, con el continuo decrecimiento del sector agroalimentario, con la ignorancia de los más elementales criterios ecológicos, con la plaga de eucalipto que destruye el paisaje y la biodiversidad, con los ríos y rías en castigo permanente, con el desprecio insólito de su cultura e idioma? Galicia prosigue con paso acelerado su viaje hacia la marginalidad económica y social, hacia jibarización de su tejido productivo y hacia la pérdida irreparable de sus capacidades e idiosincrasia. Se ignora o, en el mejor de los casos, se justifica cualquier señal autodestructiva; porque aquí, señores (y señoras), nunca pasa nada.
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