Mala reputación

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CUADRANTE DE REFLEXIÓN

18 de enero de 2016 (18:05 CET)

En el año 2015 aumentó la mala reputación de las grandes empresas. La lista de directivos y grandes empresarios que ocuparon los titulares de las páginas económicas (y de sociedad) por razones poco edificantes fue alarmante. En todos los sectores, no sólo en el tradicional de la construcción, muy vinculado a la financiación irregular de los partidos políticos. También estaban presentes en los listados que el ministro Montoro publicó acerca de los grandes morosos a Hacienda. Se conoció, además, el caso del reparto de licitaciones públicas en los servicios de recogida de basuras por parte de Ferrovial, ACS, FCC y Sacyr. En el sector financiero continuaron los conflictos: tarjetas opacas, juicios por devolución de acciones preferentes, casos de mal gobierno en los consejos de administración. Las multinacionales lácteas, lejos de buscar una solución que permita la supervivencia de sus proveedores, siguieron forzando los precios a la baja, "reconvirtiendo el sector" como apuntan. Se han visto, de nuevo, pactos de precios en el sector energético, contrarios a la ley de la competencia. El escándalo impresionante generado por Volkswagen y su fraude en los controles de emisiones al medio ambiente. La mala gestión -en principio y si no hay nada más- de Abengoa, que pone en peligro miles de puestos de trabajo. Las sanciones a El Corte Inglés por incumplimiento del Estatuto de los Trabajadores. La pérdida de confianza en las auditoras, generada por multitud de casos turbios, entre los que se lleva la palma Deloitte. La multa a Telefónica por imponer criterios de permanencia abusivos a las pymes. Son sólo algunos ejemplos.

Ejemplos que contradicen el poema de Georges Brassens "La mala reputación", cantado en castellano por Paco Ibáñez, cuando decía aquello de que "En mi pueblo sin pretensión / tengo mala reputación / haga lo que haga es igual / todo lo consideran mal". Algunas de las grandes empresas, por la vía de los hechos -más que por lo escrito en sus códigos de Responsabilidad Social Empresarial- actuaron de forma bastante alejada de la ética y el compromiso social. Así lo demuestra la opinión recogida por el Deustobarómetro de invierno 2015. Los encuestados opinan que "la mayoría de los directivos de las grandes empresas son vistos como poco honrados e insensibles con los problemas sociales". Los resultados son demoledores, como vemos en algunos ítems. El enunciado completo empieza con "Usted cree que los directivos de las grandes empresas…"

  • Se preocupan por los derechos de sus trabajadores. No: 88%
  • Se preocupan por las personas desfavorecidas. No: 91%
  • Se preocupan por el medio ambiente. No: 87%
  • Fomentan comportamientos éticos. No: 87%
  • Luchan contra la corrupción. No: 89%

La conclusión es clara. Prácticamente 9 de cada 10 ciudadanos califica de muy mala la reputación de los directivos de las grandes empresas españolas, incluidas las filiales de las compañías multinacionales. Se dice en el informe final que "el 91% de los ciudadanos cree que la mayoría de las grandes empresas no se preocupa en absoluto por los problemas de los más desfavorecidos, de los excluidos o de los ciudadanos que pasan más dificultades, a pesar de lo que digan sus políticas de responsabilidad social corporativa".

Comenzamos el 2016 conociendo más datos acerca del llamado caso del 3% en Cataluña, eso que ya está escrito en el sumario como el de una red criminal organizada en el que han participado políticos y grandes empresas hasta el 2014. También tenemos nuevos datos sobre la política salarial seguida con los altos directivos del INI y las grandes corporaciones públicas. Por este camino se me antoja difícil, por no decir imposible, revertir la percepción de mala reputación de la clase directiva empresarial. 

 

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas
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