Los nuevos ricos de Cándido Méndez

03 de diciembre de 2013 (12:29 CET)

Miren ustedes, en este país, según la Agencia Tributaria y con los informes de la CEOE, dos de cada tres empresas han entrado en pérdidas en el último ejercicio; es decir, de casi 1.500.000 sociedades mercantiles, más de 900.000 arrojan un balance negativo, con lo cual Hacienda ha recaudado solo un 66% del Impuesto de Sociedades en la comparativa interanual.

Doy este dato para que todos comprendamos que es este el contexto donde todos los agentes económicos y sociales deberíamos dar lo mejor de nosotros mismos en la búsqueda de la recuperación económica y social. Pero no es así, y de esta forma nos encontramos con actuaciones presuntamente delictivas por parte de federaciones sindicales y sindicalistas que en vez de representar y defender los derechos de los trabajadores, que es uno de sus cometidos principales a la vez que contribuir a la estabilidad laboral, parece que se dedican a otros menesteres.

Me estoy refiriendo concretamente a los presuntos desvíos de dinero, aportados por todos los contribuyentes, que a través de estas formaciones deberían ser utilizados en los planes de formación a desempleados y que algunos caraduras presuntamente han utilizado en mariscadas, copas y, lo último que sabemos, en autorregalarse bolsos de piel de marca falsificados -comprados en países donde se explota a los trabajadores- en una espiral de barra libre a cuenta de nuestros impuestos, lo cual constituye tal aberración que mi reflexión y pregunta sobre este tema es saber cómo se ha llegado a tal punto de degeneración.

Pero, además, para comprobar la templanza de los ciudadanos de este país el expresidente Zapatero presentó recientemente su libro

'El dilema. 600 días de vértigo'. Y digo esto porque 600 días son los que llevaron a este país a la quiebra económica y social de la mano de ZP y sus cómplices. No contento con su 'hazaña' no se le ocurre otra cosa que escribir un libro en el que nos dice con toda naturalidad que tuvo unos 'errores de apreciación' en el diagnóstico de la brutal crisis que atravesamos. Sinceramente, si estas palabras no son toda una provocación a los millones de españoles que hemos sufrido y estamos sufriendo las consecuencias de este periodo económico con millones de desempleados, cientos de miles de desahucios y miles de pymes que han tenido que cesar en su actividad, pues ya me dirán ustedes qué es. Lo cual me lleva a decir que yo incentivaría al fiscal general del Estado para que actuase contra este señor, por todo el daño económico, social y moral producido a todo un país y no puede, ni debe, quedar impune por muy expresidente de un gobierno que sea. La justicia, una vez más, debe actuar contundentemente contra hechos de esta naturaleza; si no fuera así, la credibilidad del sistema y el propio sistema se derrumbaría cual castillo de naipes. Ya veremos.
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