Los Juegos Olímpicos y Eurovisión

09 de septiembre de 2013 (12:07 CET)

Señalaba Horacio que la vida se resume en dos cosas:”juego” y “deseo”. Pues como la vida misma, aunque fuese a la tercera -y que no fue la vencida-, Madrid ha sido excluida sin llegar a la final en la apuesta por ser la sede de los Juegos Olímpicos, que quedó en manos de Estambul y Tokio, siendo ésta la triunfadora. Pero, en todo caso, la mentalidad deportiva y olímpica nos lleva saber ganar y saber perder.

Pese a un escenario de posibilidades, de probabilidades y de alternativas, que recreaban y ofertaban los candidatos a la celebración, se barajaban interna y externamente los recursos, los bienes, las ofertas y la capacidad de dirección, administración, institución y gestión para la consecución de tal objetivo, que la organización del COI determina. Hay que pensar que después de sesenta años los Estados conocen el funcionamiento de ese organismo, que viene marcado por los modos de actuación de la guerra fría. En ese sentido, hay que plantearse el peso específico de España en el plano internacional, el papel de España en el mundo y, sobre todo, su diplomacia, donde ya no se puede seguir acusando a la debilidad de los gobiernos de Rodríguez Zapatero, puesto que la situación es otra.

Es cierto que hubo una escenificación y puesta en práctica para que Madrid fuese la sede de los juegos. Hubo ya historia, donde hay que recordar al ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, que ha sido el antecesor de Ana Botella como alcalde de Madrid y que no entró en el actual marco, posiblemente para no restar significado a su sucesora. Pero, cómo se gestó este enredo, cómo se cuantificó la inversión, el gasto y el coste, así como la reversión y la rentabilidad de tales juegos.

Se dice que hubo por parte de Madrid y de España un trabajo intenso y permanente para que Madrid fuese la sede de dichos juegos en el 2020. Pero, ¿qué ha pasado? Pues que ha sido rechazado por el COI. Por ello, hay que saber que hay bases y hay criterios de aplicación y otra cosa son las áreas de influencia.

Esta situación de triste despedida refleja algunas cosas a reseñar: la propaganda institucionalizada, confundiendo realidad con deseo, estando atrás los políticos, siendo, pues, una derrota no de los deportistas, sino de los políticos; hay una falta de credibilidad en las ofertas presentadas; hay una desconfianza en la situación económica donde se pretendía la realización de la “austeridad”, que no es de recibo.

Sin entrar en quien es más listo por hablar inglés, sí hay que reseñar la selección de personal, donde personajes como Arturo Fernández (aquel de Caja Madrid) o Amaia Salamanca, entre algunos otros, no son más que formas de conjugar el coro, donde solo queda estar donde estamos: ser espectadores de una farsa. Después de las expectativas creadas con el soporte de TVE, no queda más que refrendar la desconfianza en la comunicación servida (¿no había más de cincuenta votos asegurados?). Tristemente recordó a muchas noches de Eurovisión, en que portábamos el cartel de favoritos antes del concurso y, al igual que en tantas otras ocasiones, volvemos derrotados y cabizbajos; faltaba que Jacques Rogge enfatizase: Spain, 26 points!


Vicente González Radío es catedrático de universidad.
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