Las amistades peligrosas del ministro de Interior

16 de agosto de 2015 (22:29 CET)

Si las informaciones que apuntan que durante la reunión que mantuvieron el 29 de julio en la sede ministerial, el ministro del Interior y Rodrigo Rato, hablaron de la situación procesal del ex vicepresidente del Gobierno y expresidente de Bankia, el ministro del Interior de este país debería dimitir de forma inmediata. Por, presuntamente, utilizar indebidamente su cargo, y, simplemente, por higiene política.

Desde luego este escenario no es ni de lejos el mejor preámbulo para afrontar cualquier propuesta de reforma de nuestra Constitución, tal como se está planteando por diversas formaciones políticas y por el propio ejecutivo de la nación. Propuesta en la que se debe y tiene que explicar qué se quiere reformar, para qué y con quién.

Antes de hablar de reformar la Constitución habría que valorar, como mínimo, cinco ejes-macro, que incluyan las siguientes líneas de actuación: elaboración de un pacto nacional de educación; plantear una reforma electoral que garantice que los votos valgan lo mismo en cualquier parte del territorio; elaborar una ley de partidos; garantizar la separación de poderes y la despolitización de los órganos judiciales; y racionalizar las administraciones públicas para evitar duplicidades.

Y manifestar sobre los desafíos separatistas nítidamente que ningún gobernante está por encima de la ley y ninguna mayoría otorga suficiente legitimidad para saltarse las leyes y la democracia.

Pero esta posible reforma debe abarcar varios aspectos más como decidir de una vez por todas que hacer con el Senado. Esa misma Cámara la cual  ha gastado 1,43 millones de euros en viajes de sus señorías de enero a junio, el 90 por ciento de esa cifra, 1,16 millones, en los desplazamientos de sus señorías entre Madrid y la circunscripción por la que han sido elegidos. De media al mes, 895 euros por senador y, por supuesto, a cuenta de nuestros impuestos, faltaría más.

En definitiva, son muchos y vitales los retos a afrontar en los próximos meses por lo que acabo esta reflexión como la comencé: el poder y la potestad que le da a una persona el ejercer y desempeñar un cargo institucional es totalmente incompatible con que esta representación pública pueda llegar estar al servicio de los amiguismos o intereses personales. Si así se permitiese o tolerase, la espiral de presunta corrupción y corruptelas que nos inunda sin cesar, jamás tendría final. Y los ciudadanos y ciudadanas de este país no estamos ya por tolerar que el libertinaje de unos pocos privilegiados aplaste la libertad y derechos de la inmensa mayoría de la ciudadanía. 

Benito Iglesias se secretario de Ciudadanos en Ourense

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