La movilidad en Galicia, una ruina

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CUADRANTE DE REFLEXIÓN

25 de noviembre de 2015 (10:34 CET)

En unos pocos días en Galicia no habrá ningún tipo de bonificación o descuento en el precio de los peajes para camiones. El próximo 1 de diciembre las ayudas actuales dejan de tener efecto. Esta comunidad autónoma se convertirá en la única con autopistas de pago en la que no se ofrecerá ningún incentivo a los transportistas para que continúen usándolas en detrimento de las carreteras convencionales. Para este sistema de transporte, el primer arrastre desde las fábricas o los puertos hasta los almacenes reguladores o plataformas logísticas, el pago de los peajes se convierte, en la práctica, en la única opción, con el consiguiente incremento de coste en comparación a este tipo de servicio en otras zonas del país. En el caso de los productos primarios, especialmente los agropecuarios y resto de la alimentación, a este mayor coste se suma la necesidad de someter las cargas a varios arrastres.

No es posible, en la inmensa mayoría de los casos, transportar camiones completos de una referencia (por ejemplo, leche) directamente al almacén de una gran superficie, debido a su pequeño tamaño y menor rotación de los productos que, pongamos por caso, un hipermercado de la misma enseña de Madrid. Esto obliga a realizar más entregas de menos cantidad de producto, con las consiguientes descargas en almacenes intermedios. Más movimientos, más consumo de combustible, más peajes, más mano de obra, más contaminación… En definitiva, más coste en horas y en euros para transportar la misma mercancía y llevarla hasta los lineales de los puntos de venta.

Por otra parte, sufre también el correspondiente sobrecoste el servicio de segundo arrastre, la logística interna de las cadenas de distribución. La entrega de mercancías a puntos de venta más pequeños, como los supermercados y tiendas franquiciadas que tenemos en nuestra región, obliga al reparto en furgones prácticamente a diario cuando no varias veces al día en algunos puntos de venta. De nuevo, mayor esfuerzo en la distribución.

En tercer lugar, la utilización de las autopistas de peaje por un alto porcentaje de la población que se desplaza en el eje atlántico por razones profesionales está igualmente penalizada. Son miles los desplazamientos efectuados diariamente desde Ferrol a la frontera portuguesa, que hacen frente a un sobrecoste en comparación con los desplazamientos que se realizan en las comunidades vecinas del noroeste, por citar un ejemplo. Es mucho más barato moverse en Asturias o Castilla y León, con un sistema de autovías o autopistas exentas de peaje.

El panorama, a partir del 1 de diciembre, no puede ser peor. Los salarios en Galicia están un 20% por debajo de la media nacional. Los beneficios empresariales son también más bajos, como lo es el tamaño medio de las empresas. Es una comunidad con un asentamiento poblacional muy disperso, con más puntos de venta y de menor superficie que el promedio. La distribución (y la movilidad) en la región, aún con las ayudas actuales, es cara. Sin las ayudas, una ruina. Veremos si aumenta el tráfico, de camiones, furgones y turismos, en las carreteras secundarias, con las consecuencias negativas que eso trae consigo. En el Ministerio de Fomento algún experto en planificación y movilidad se preguntará por qué.

 

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas
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