La ética política como referente

04 de marzo de 2014 (12:42 CET)

No pretendo ni de lejos escribir una ponencia, ni tampoco redactar una disertación sobre lo humano, lo divino o lo virtual. No. Simplemente aportar un toque de coherencia y sentido común para intentar abrir la vía necesaria e imprescindible que ayude a recuperar tanto la confianza de la ciudadanía en la actividad política como la credibilidad de las administraciones y de las personas que las gobiernan.

Por este motivo es muy de agradecer el nuevo y positivo paso adelante de la Diputación de Ourense y en especial de su presidente, a la hora de multiplicar esfuerzos para poner en valor la política y su funcionalidad para una sociedad democrática en un contexto enormemente complicado, a la vez que más sensible que nunca con cualquier comportamiento impropio de quienes deben gestionar los recursos públicos. 
Profundiza en la ética política de quienes deben practicarla no solo por obligación sino porque realmente deben creer que es la mejor de las aptitudes para frenar y combatir la actual desafección de los ciudadanos con la mal llamada clase política.

Y en este punto estoy totalmente de acuerdo con las manifestaciones realizadas hace pocos días por el fiscal superior de Galicia diciendo que en el terreno político “un comportamiento puede muchas veces no ser delictivo pero sí éticamente reprobable, y la respuesta política tiene que producirse en ese campo ético y de convencimiento moral de culpabilidad, no en el del convencimiento penal de culpabilidad, que para eso están los tribunales”.

Pues pienso lo mismo, que el nivel de exigencia al político y al cargo público debe ser mayor que al resto de ciudadanos y si alguien no está dispuesto a afrontar este nivel de exigencia ético y moral, recordarle que nadie obliga a nadie a ocupar responsabilidades públicas. Al que le quede grande el traje, simplemente que no se lo ponga, se dedique a otra cosa y punto.

A la política se debe acceder por convencimiento, por ideología y por ideales, y a poder representar una opción política en una administración se le deben sumar los principios y valores, así como un comportamiento ético y moral fuera de toda duda. Esto es lo que demandamos los ciudadanos de nuestros gobernantes, donde los regalos o prebendas no tienen ninguna cabida en la relación entre responsables de la administración y empresas adjudicatarias. La regeneración democrática iniciada por nuestro ejecutivo debe de derivar en una regeneración moral a la vez que se debe aumentar el control y supervisión en la concesión de subvenciones y contrataciones públicas.

Confió en las manifestaciones realizadas por el presidente del Gobierno en el debate del estado de la nación en referencia a este tema, en el que nos transmitía de una forma rotunda que se deben cerrar todos los espacios a la impunidad, así como mejorar la prevención de la corrupción agilizando los procedimientos de detección y sanción, y apostando por una clara y contundente respuesta a los corruptos. Pues que así sea y con el apoyo de todos antes acabaremos con esta lacra social.
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