La destitución del director de El Mundo

02 de febrero de 2014 (23:36 CET)

La destitución del Director de El Mundo abre una serie de interrogantes ante la opinión pública: ¿ha sido efecto de la crisis económica y del mal balance de los resultados del medio de comunicación? ¿Ha sido consecuencia de ajustes internos de la empresa? ¿Fue por injerencias o presiones externas? ¿Estamos ante el agotamiento de un proyecto de periodismo de autor? ¿Es el declive de la prensa de papel para dar entrada a la digital? ¿Peligra la libertad de prensa?...

Pedro J. Ramírez visibilizó una imagen de personaje, de hombre y de profesional de la comunicación, unidas a unas relaciones, tratos y conexiones con el poder y los políticos, presentando un periodismo político muy determinado. Por ello, al lado positivo de su forma de hacer, aparece la rentabilidad de dichas acciones. En ese sentido, tanto en Diario 16, como en El Mundo, se situó, desde el espectáculo, en el discurso-relato del poder y del contrapoder. Toda una manera de entender y vender la información como algo instrumental y presentada como formato de denuncia, siguiendo el modelo norteamericano al que hay que añadir cierto sensacionalismo inglés.

Frente al pasado franquista, tanto El Mundo como El País representaron dos modelos modernos de periodismo, que han tenido un desarrollo uniforme a lo largo de estos años, convirtiéndose en prensa de referencia a nivel estatal.

El impacto de la crisis económica en los medios es general y ninguno se libra por muy saneada que se presente alguna empresa. Por ello, la urgencia de afrontar la situación, que pasa por el marco organizativo, la actividad periodística y el modelo informativo con los consiguientes costes, inversiones, gastos, funciones…y responsabilidades, donde sobran el actor-plumilla-estrella, el periodismo de autor, el elitismo caciquil, el clientelismo didáctico o el de la firma-pastizal. Los medios de comunicación afrontan una adecuación a esta crisis, donde, sin entrar en la credibilidad y la confianza, se plasma en la disminución de las ventas, como refleja el OJD, y en la disminución de la publicidad, pero donde, por otra parte, aparecen los digitales y ya nadie se acuerda de la prensa gratuita.

Sin embargo, hay algo que no se entiende, ya que, si nada va a cambiar en El Mundo, ¿por qué esta sustitución? La destitución de un director nos lleva a plantear si es acción de la empresa o es efecto de un plan seguido en la misma. El Mundo, como otros medios, ha sufrido los azotes de la crisis y, de hecho, realizó unas respuestas a través de los ERE, donde, por cierto, se aprecian distancias considerables en las indemnizaciones. La destitución de Pedro J. Ramírez y su sustitución por Casimiro Garcia-Abadillo nos traslada a la dirección, intensidad y extensión del cambio, tanto en la afectación interna y el modo de organizarse, como en su proyección externa, donde no es de extrañar la aparición de alianzas y fusiones con otros medios.

El problema aparece al revisar las causas de este cese y la insinuación de las presiones e injerencias externas, lo cual nos obliga a revisar la libertad de prensa, que es un pilar básico de la sociedad democrática y del Estado de Derecho. Si esta defenestración no fuese ejercicio de la libertad de empresa de un grupo editorial y, por el contrario, hubiese sido causada por presiones de altas instancias estatales, estaríamos ante un hecho de suma gravedad y ante una notable reducción de la calidad democrática de España: de este modo, el coartar la libertad de información de un periódico supone establecer implícitamente la censura informativa, proscrita en el artículo 20.2 del texto constitucional, y conlleva un aviso para navegantes. Debemos preservar la libertad del denominado “cuarto poder”, sin que la docilidad y clientelismo de los medios se convierta en un valor al alza, porque, en último término, los perjudicados son los ciudadanos.
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Vicente González Radío es catedrático de universidad.
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