La aberrante propuesta de rebajar los salarios

19 de agosto de 2013 (10:32 CET)

Que la CE y el FMI viven en una burbuja privilegiada, ajena a la realidad económica de los ciudadanos europeos, y concretamente de los españoles, queda patente con su insultante propuesta de recortar los salarios en España de media un 10% como fórmula para combatir el paro.

Pero, a mayores, también evidencia la falta de soluciones y de planteamientos serios de Bruselas para atajar la crisis actual. Recortar los salarios solo agravaría la situación económica y empobrecería aún más a los ciudadanos, ya que estos perderían poder adquisitivo y, como consecuencia, no se generaría empleo. La práctica totalidad de las actividades económicas de este país nos hemos comido la última subida del IVA para no repercutir ese incremento porcentual en bienes y servicios, y con ello no agravar aún más la caída de facturación y pérdida de beneficios de las empresas, con lo que si se recorta el salario de los trabajadores, sean estos públicos o privados, penalizaremos y lastraremos aún más el consumo interno, empujando a numerosas empresas a cierres, ERE y concursos.

En mi provincia, Ourense, los datos económicos no son buenos, se diga o no. Los últimos meses del presente año, y como mínimo el primer trimestre del 2014 (el que nos venden como el de la recuperación), van ser de una dureza no conocida en los últimos 20 años. Una buena parte del tejido comercial y empresarial ourensano está en mínimos. No hay liquidez, no hay financiación y no hay consumo sostenible, con lo cual el goteo y cierre de negocios, que se ha empezado a observar con notoriedad en los últimos 18 meses, ira a más. Algunos venimos advirtiendo de que nuestra provincia está en mínimos desde hace demasiado tiempo, y aunque algunas, pocas, pymes ourensanas resisten por sus ventas en mercados exteriores, las que dependen exclusivamente del mercado local lo tienen cada día más difícil. No hay dinero para innovar, y sin un apoyo conjunto y coordinado de las administraciones autonómica, estatal y europea, con medidas de choque y con inyecciones de liquidez a las empresas, el panorama que vislumbramos es, por ser suave, borrascoso.

No podemos ceder ante los planteamientos ilógicos e injustos de la UE, ya que si lo hacemos nos acabaremos convirtiendo en una colonia teutona, y en vasallos de los nuevos señores feudales que es en lo que se están convirtiendo los países del norte. Pertenecer a Europa no significa perder la dignidad como pueblo, ni implica sometimiento a todas las pautas que nos marquen, que a buen seguro no se las aplicarían a ellos mismos. España ni debe ni puede ceder en este nuevo pulso, porque si lo hace nos empujaría a los ciudadanos de este país a una miseria en la que tardaríamos en ver el fin. En manos del Gobierno está no abrir otro frente más.
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