Insoportable corrupción

10 de febrero de 2014 (18:18 CET)

Es tan repugnante lo que está saliendo a la luz del caso Pokémon, que justifica la enorme crispación de los ciudadanos. Han actuado como auténticos vividores y nuevos ricos, mientras miles de familias gallegas atraviesan una debilidad económica extrema y viviendo en condiciones de pobreza o marginalidad social. Niños y mayores sin calefacción en un durísimo invierno por no poder costeársela, familias sin luz ni agua al no poder hacerle frente a los recibos de grandes monopolios subvencionados por todos y que actúan sin ningún tipo de escrúpulo y, lo que es peor, hambre en muchas familias. Sinceramente, hay que tener mucho estómago para digerir toda la información del caso Pokémon y su presunta trama de corrupción.

Ourense está en el peor momento en décadas tanto a nivel económico como demográfico, social y político y, en la capital de la provincia le sumaría, el caos urbanístico.

Con los datos en la mano y su simple análisis, se eliminan de un plumazo maquillajes y disfraces de la realidad actual en nuestra provincia, constatando que Ourense tiene a día de hoy otro triste récord negativo, el de ser la zona de Galicia con menos afiliados a la Seguridad Social y donde más crece el desempleo en porcentaje. De esta forma, en la actualidad, sólo existen 96.458 cotizantes en nuestra provincia. Los afiliados en Ourense, con una variación media interanual del -0,95%, se redujeron en 930 cotizantes, y en la media intermensual, 1.270 cotizantes menos (-1,3%). En cuanto el desempleo, el mayor aumento en la comparación intermensual corresponde, de nuevo, a nuestra provincia, con una subida del 4,72%, hasta las 30.657 desempleados.

Y ahora añado, ¿con este panorama creen que la ciudadanía y en especial los ourensanos podemos digerir todo lo que la tramas de corrupción suponen en la credibilidad de determinados cargos públicos e instituciones? Pues no, hasta aquí llegamos. No podemos transigir con nuestro conformismo o silencio conductas, actitudes o comportamientos indignos, impropios e incluso presuntamente delictivos.

Me explico, y lo voy hacer de la forma más cristalina: toca hacer limpieza. Limpieza de mercenarios políticos que no están al servicio de unos ideales y del interés general de la ciudadanía, sino únicamente están a rentar lo máximo posible su permanencia a una formación política. Limpieza de palmeros indeseables que solo buscan el favor de turno ante su fracaso personal para ser útiles a la sociedad por ellos mismos. Limpieza de los que presuntamente se han beneficiado económicamente de un partido, y que recaiga sobre ellos todo el peso de nuestro sistema judicial.

Esta crisis debe limpiar la corrupción, libertinaje y desidia existente, a la vez que nos debe devolver los principios y valores a la sociedad. Por ello ese gran pacto anticorrupción tan esperado por todos se debe firmar cuanto antes y ejecutarlo sin fisuras ni ambigüedades, porque ni podemos consentir que la comisión europea una y otra vez nos señale como uno de los países con más corrupción con datos concretos e incontestables, ni podemos seguir alimentando más la crispación de una ciudadanía que está al límite de su capacidad de aguante.
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