Ingenieros españoles sin homologación, ¿hasta cuándo?

01 de septiembre de 2014 (11:42 CET)

La ingeniería de Caminos, Canales y Puertos se ha asociado históricamente con términos tales como profesionalidad, capacitación, preparación o esfuerzo. Uno de los pilares básicos sobre los que se asienta esta afirmación es el de una formación académica con muy altos niveles de exigencia y trabajo.

Desde la creación, hace ya más de 200 años (concretamente en 1799) del Cuerpo facultativo de la Inspección General de Caminos y Canales, estos profesionales han contribuido, con gran protagonismo, al desarrollo y modernización de este país, principalmente en la construcción de infraestructuras.


Durante muchos años, la formación de estos ingenieros era exclusivamente para llevar a cabo estas tareas desde la Administración. No fue hasta el año 1957 cuando la Ingeniería de Caminos pasó a ser una carrera más, tutelada ya por el Ministerio de Educación, de forma que los egresados de la Escuela podían ejercer también como profesionales libres.


Desde ese momento, si bien los planes de estudios fueron modificados en varias ocasiones, el nivel de exigencia académica se mantuvo en estándares muy elevados, hasta el punto de que la media de finalización de una carrera de 5 ó 6 años (según el Plan de Estudios vigente, pero siempre un mínimo de 5) se sitúo en una media de entre 8 y 9 años.


Hasta hace bien poco, esa gran exigencia de la carrera era compensada por una situación de paro técnicamente nulo en la profesión, y unas condiciones laborales óptimas.


Hoy en día, la situación económica y la caída de la inversión en obra pública están provocando que miles de ingenieros de caminos se vean obligados a buscar en el extranjero lo que es inviable en nuestro país. Más de 3000 ingenieros han emigrado en los últimos tiempos, y en las empresas del sector la facturación en el extranjero constituye ya un porcentaje mayoritario de su volumen anual, sobre todo en las más importantes.


En este escenario, nos encontramos con que ambos --ingenieros y empresas-- no sólo se ven obligados a “buscarse el pan” en el extranjero, sino que han de hacerlo en inferioridad de condiciones frente a los profesionales y empresas de otros países. Dicho “mérito” hay que atribuírselo a la inacción de nuestro gobierno, incapaz de sacar adelante la homologación de los ingenieros españoles --tal como le exige la UE desde… ¡2008!-- conforme a las nuevas clasificaciones recogidas en el denominado Plan Bolonia.

Este Plan trajo consigo un profundo proceso de transformación que ha obligado a nuestra universidad a modificar el marco de titulaciones, no solo en las denominaciones, sino también en la duración y composición de los estudios. Así, frente a las tradicionales denominaciones como licenciado, ingeniero superior (5 ó 6 años) o ingeniero técnico (3 ó 4), el Marco Español de Cualificaciones para la Educación Superior (MECES) crea las nuevas denominaciones Técnico Superior, Grado, Máster y Doctor. Cuatro categorías en las que “reubicar” los títulos anteriores a la aprobación del Plan Bolonia.

Por si esto fuera poco, las instituciones europeas en el año 2008 recomendaban que se comunicara la equivalencia de los cuatro niveles comentados del Marco Español (MECES) a los niveles del Marco europeo de Cualificaciones (EQF) anteriores a 2010 (esto es, identificar a su vez cada una de esas cuatro categorías a los ocho niveles EQF europeos, con el objetivo de unificar esas titulaciones internacionalmente). Pues bien, han pasado mas de 6 años y seguimos sin respuestas.

Obviamente no estamos ante una tarea sencilla. La disparidad de títulos, planes de estudios y denominaciones existentes así lo acreditan. Pero lo que los colectivos de ingenieros superiores demandan (no sólo de Caminos, sino también todas las otras especialidades como Industriales, Agrónomos, Telecomunicaciones, etc., así como los Arquitectos ) es una equiparación inmediata de estas titulaciones al nivel de Máster, básicamente por dos razones: la primera, que todas estas carreras han cursado un mínimo de 5 años de estudios y ostentan los 300 créditos ECTS necesarios para tal nivel. La segunda, al menos para el colectivo de ingenieros de Caminos, es la urgencia derivada de la necesidad ya comentada de competitividad en el mercado exterior de las empresas y profesionales de ingeniería.

El Colegio de Caminos ha estimado que esta carencia de equiparación del título supone una pérdida en términos de competitividad de 10.000 millones de euros al año en el mercado internacional de las empresas, así como también la pérdida de unos 1.000 empleos directos de ingenieros fuera de nuestro país.
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El Gobierno actual dio un pequeño paso con la publicación de un Real Decreto el pasado marzo -criticado de forma generalizada- indicando los trámites para llevar a cabo la homologación. Desde el Colegio de Caminos se vio, en clave positiva, como un paso adelante tras años de gestiones, si bien manifiestamente mejorable. Por ello presentó una serie de alegaciones, la principal exigiendo una “vía rápida” para la homologación. Pero desde entonces el tiempo sigue pasando y la solución prometida en marzo por el Gobierno, que hablaba de un “brevísimo plazo”, se empieza a antojar misión imposible si se echan cuentas: que si agosto inhábil, que si necesidad de trámites, que si el año próximo elecciones y cambio de Gobierno y legislatura…

La equiparación del título de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos a los niveles de Máster y EQF-7 es una reforma normativa sencilla y sin coste alguno para el erario público.

Es, como ya se ha dicho, trascendental para el reconocimiento profesional en el extranjero de los titulados de universidades españolas pues permitirá mejorar su empleabilidad, y posibilitará conseguir una mayor competitividad para nuestras empresas de ingeniería y constructoras que concursan en el extranjero. Urge por tanto una solución particular e inmediata para el colectivo de Ingenierías superiores y Arquitectura.

La demostración palpable de que si el Gobierno quiere, puede, es que a mediados de marzo de este mismo año, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para equiparar directamente al nivel de máster determinados grados de carreras sanitarias.

Justo parece que mismo Gobierno que aplaude el éxito de la ingeniería española en el exterior y su contribución particular en la visión positiva de la marca España, resuelva, con decisión y firmeza y sin más dilación la situación de discriminación que sufren esas empresas y los profesionales españoles de ingeniería.


Ricardo Babío Arcay es Decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Galicia

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