Hurgando en la basura

09 de mayo de 2013 (11:45 CET)

La estampa no es nueva. Son muchos los que han encontrado en los contenedores de residuos una vía para sobrevivir o bien para complementar sus ingresos e ir sorteando la terrible crisis que nos azota día a día con toda su virulencia. Nuestro cubo de basura se ha convertido en la tabla de salvación a la que un buen número de personas se aferran con fuerza para salvaguardar su dignidad. El proceso no resulta sencillo, ya que poner en valor lo que sobra a otros requiere cierta dosis de ingenio, pero también de talento y espíritu emprendedor. A esto hay que añadir que cada vez sobra menos. Hasta las economías más acomodadas están siendo golpeadas de forma inmisericorde por un tsunami económico al que algunas inevitablemente ya han sucumbido, optando otras por acorazarse y protegerse de una tormenta que, más pronto que tarde, esperamos que amaine y dé paso al oasis de la esperanza.

Pero, entretanto, con la gran capacidad de adaptación que caracteriza al ser humano, nuestros hábitos y comportamientos se van amoldando a la nueva situación, configurando así un mecanismo de autodefensa dirigido a soportar con entereza tan pesada losa. Si hurgar en la basura constituía hasta ahora una práctica reservada a unos pocos excluidos sociales, en la actualidad puede llegar a constituir un medio de vida. Y ahí están, para acreditarlo, los recuperadores, las firmas de reciclaje y, en general, las plantas de tratamiento de residuos, pero también las consultoras en la materia, los educadores medioambientales, los expertos en comunicación y periodismo ambiental y un largo etcétera de profesionales que, en los últimos tiempos, han visto en la basura una importante fuente de actividad y negocio.

Las cosas han mudado para todos. Administraciones, instituciones, empresas y consumidores nos hemos puesto a rebuscar en el trastero con la pretensión de encontrar algo de valor que nos permita amortiguar los golpes de la crisis. Nos medimos en el consumo, planificamos nuestras compras, hacemos encaje de bolillos para llegar a fin de mes e incluso innovamos. Sí, aprovechamos los productos al máximo y para múltiples utilidades cuando en tiempos de bonanza eran arrojados sin más contemplaciones al primer contenedor sin importar su estado, durabilidad o el precio que hubiésemos pagado por ellos. No importaba. Pronto serían reemplazados por otros nuevos. Eran los tiempos del consumo exacerbado.

Pero las circunstancias ya no son las mismas. Todo ha cambiado. Incluso la composición de nuestra bolsa de basura, que a pesar de todo aún contiene elementos de valor. Sogama lo sabe bien. Y no únicamente por las características de los residuos que recibe en sus instalaciones, sino porque en los últimos tiempos, y a tenor de los acontecimientos, la empresa ha apostado de lleno por una gestión más eficiente que incluye también el máximo aprovechamiento industrial de aquellos desechos que, de una forma u otra, acabarían desperdiciándose sin más. Es el caso del vidrio contenido en el residuo convencional, que concluía su vida útil en un depósito de inertes, o bien el acero residual, que dormitaba el sueño de los justos en el vertedero de Areosa.

El cambio de estrategia empresarial ha sido clave, conscientes de que, más allá del ahorro, el aprovechamiento de los recursos también puede reportar beneficios económicos. Y el ejemplo más palpable está en estos dos materiales: la recuperación de entre 600 y 900 toneladas mensuales de acero residual, entendido como aquél que, dadas sus características (tamaño y mezca con otros compuestos) no es captado por los sistemas de selección electromagnética con los que cuentan las plantas de tratamiento de residuos, que supondrá para la sociedad unos beneficios de entre 550.000 y 800.000 euros anuales; y la recuperación de 14.000 toneladas anuales de vidrio, a las que habría que añadir las 170.000 almacenadas, que traerá consigo ingresos de un mínimo de 453.000 euros al año. Y esto se llama sostenibilidad: incrementar el reciclado en nuestra comunidad y contribuir a alcanzar los beneficios ambientales que éste trae consigo, propiciando al mismo tiempo el bienestar social y la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía. Y todo ello aderezado con una suculenta rentabilidad económica obtenida a partir de aquello que hasta el momento era ignorado e incluso despreciado.

Pero, por si fuera poco, y más allá de las ventajas económicas derivadas del reciclaje, el sector de los residuos constituye también un nicho de gran interés para el empleo. Y es que, según diferentes informes, el medio ambiente se considera un campo estratégico en la economía española, aportando el 3,6% al PIB. Ejemplo de ello es que el empleo verde creció un 213% en el último decenio, generando las compañías de corte ambiental 382.000 puestos de trabajo directos, que se distribuyen, en gran medida, entre el sector de los residuos, con un 26%, y el de las energías renovables y eficiencia energética, con el 21%.

Nos encontramos, por tanto, ante un ámbito de actuación con doble beneficio: por un lado, porque contribuye a conservar la biodiversidad y proteger el medio ambiente, y, por otro, porque refuerza la creación de nuevos puestos de trabajo.

Tengo la absoluta certeza de que las empresas ligadas al ámbito medioambiental contribuirán a sentar las bases para salir de la crisis, y nuestros desechos, fuente de valiosos recursos, supondrán un significativo apoyo para alcanzar ese objetivo común que se llama desarrollo sostenible.


Luis Lamas Novo es presidente de Sogama
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