Geografía del capitalismo y de la crisis

02 de septiembre de 2013 (10:46 CET)

La geografía es la descripción de la tierra, del medio. El principio que la determina es la territorialidad, donde hay recursos, medios naturales y humanos y, en consecuencia, observamos bienes, intercambios, comunicaciones y valoraciones. La geografía del capitalismo es la observación de la relación entre medio físico, natural y entorno, con todo lo que conllevan de natural, convencional y de la evolución del desarrollo.

Al plantear la crisis económica hay que saber que la ubicación, la situación y la colocación, determinan a todos y a cada uno de los elementos que la componen como su globalidad. Pero, ¿qué es ese todo? Pues puede ser la zona (no hablamos de comarca-bisbarra, interland, división administrativa, etc.), la provincia, la región, la comunidad autónoma o el Estado.

Planteamos la geografía del capitalismo para reseñar el desarrollo, la adecuación a la civilización, la integración de la cultura, pero, sobre todo, la distribución de la riqueza, de la renta, la estratificación social o lugar donde nos colocamos cada quien, y, fundamentalmente, los niveles de posibilidad-probabilidad de realización de la vida en su plano económico.

La geografía del capitalismo refleja la foto fija de las distintas crisis económicas, piénsese aquí en España las crisis del sector naval o las del sector del metal en los 80, las mineras, las del carbón, los tránsitos de las economías autárquicas y tradicionales a la producción industrial. Es, pues, motivo de preocupación el hecho de que no se revise la geografía del capitalismo, la ubicación de empresas, la comunicación, etc. Al repasar los polígonos industriales y áreas de desarrollo económico, podemos sacar conclusiones muy imprecisas sobre cómo se afronta la crisis.

La percepción de la crisis y del capitalismo varía de acuerdo a la cercanía-lejanía de los recursos económicos y, en ese sentido, nos encontramos con enfoques diversificados que dan luz sobre las posibilidades a desarrollar, pero es aquí donde surge el desencuentro, ya que los individuos, la sociedad, el mercado y el Estado los registran y los valoran de distinta manera.

Ciertos gobiernos de Europa están mostrando su convicción sobre la salida de la crisis y ciertas corrientes ideológicas se posicionan en la misma dirección, pero hay factores objetivos y subjetivos que impiden plantear tal resultado. De hecho, no se cuestionan los centros de poder y de decisión existentes antes de la crisis, tampoco la distribución de los subsectores económicos puestos en marcha en tiempos atrás, menos los residuos del capitalismo tradicional y castizo, el de las grandes empresas o las incógnitas e incertidumbres de los emprendedores y del mundo financiero donde los directivos (gerentes, empresarios y asimilados) resisten y esperan tiempos mejores para remontar.

Sin embargo, la realidad es la que es: nadie entiende como no se hizo un contrato para la crisis que nos salvara de tanta destrucción de empleo, de tanto paro. Nadie comprende como el ajuste crediticio y financiero no se hizo armónicamente con la reforma fiscal. Nadie intuye que salgan medidas mágicas que salven y orienten la “dirección” y el “sentido” de las cosas, tanto en el ámbito macroeconómico como en el microeconómico. De hecho, las predicciones de los organismos internacionales están ahí para España. Por otra parte, se habla del tercer rescate para Grecia.

La geografía económica es básica en nuestro tiempo, donde aparte de la globalización como discurso, aparecen las beligerancias de Europa, pero es urgente y necesario el replanteamiento en España y en sus distintas comunidades autónomas, ya que el mapa de necesidades-satisfacciones, el campo de aspiraciones-logros y los lugares son elementos indispensables para concitar los objetivos, las metas y las finalidades. En ese sentido, las vacaciones estivales reflejan una parada, donde los temas de productividad, de rentabilidad y de financiación son claves. No son horas de promesas como cuando se está en elecciones, sino de acciones acordes con los difíciles tiempos que estamos viviendo. No son momentos de una funcionalidad simple, sino de un encuadre racional basado en el crecimiento y el desarrollo.

La inauguración del curso político pasa a ser nuclear para adentrarnos en lo importante y trascendente, aparte de triunfalismos y de demagogias sin ninguna mira puesta en salir adelante. Por ello, hay que apelar a la responsabilidad y no quedarnos en los deberes hechos, hay que apelar a la honestidad profesional frente a la proclama evocativa de coberturas sin medios. Por ello, asustan tantas y tantas cosas y, desde el individuo, se pide verdad; desde la sociedad se exige rigor; desde el mercado se necesita competencia; y desde el Estado se implora transparencia, coherencia y control.

Vicente González Radío es catedrático de universidad.
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