Galicia y su dinamismo empresarial (y 2)

13 de mayo de 2013 (11:13 CET)

Nuestro esfuerzo ha de estar concentrado en políticas económicas que busquen la mejora de la eficacia de la inversión pública (mediante análisis coste/beneficio y estudios medioambientales); una mayor transformación de la Universidad (para aprovechar el talento y eliminar la burocracia existente); un programa para estimular la internacionalización de las empresas españolas (con apoyos financieros y políticos); y un plan para atraer multinacionales de alta intensidad en I D (con objeto de captar sus desarrollos tecnológicos).

Los cambios han de provenir tanto desde las instancias gubernamentales como desde las propias unidades empresariales. A las primeras hay que recodarles que las trabas existentes para poder funcionar son muy elevadas, tal como lo acaba de resaltar el World Economic Forum en su estudio Reducing Supply Chain Barriers. Y, a los segundos, hay que recordarles que afrontar los nuevos desafíos exige cambios en el tamaño. Lo que nos hace diferentes a los países más dinámicos es el tamaño, pues éste explica gran parte (alrededor del 30%) de los diferenciales de productividad.

Estas apuestas reflejan el actual énfasis existente en la gobernanza de las áreas urbanas para adaptarse al nuevo contexto económico, social y político, lo que según Peck y Tickell (1995) es síntoma de la propia crisis y un reflejo del desorden global. Esta transformación de la gobernanza urbana se produce porque los gobiernos locales se orientan hacia el mundo exterior y el crecimiento económico y, en consecuencia, las condiciones del bienestar de los ciudadanos empiezan a tener menos importancia. Imre y Thomas (1995) ya habían empezado a atisbar esta dinámica que fue corroborada más tarde por Peck y Tiwell (1995) cuando escriben que “había una cierta subordinación de los principios de bienestar a los imperativos de la competividad”.

Esta transformación de objetivos (mayor competitividad que mayor cobertura de necesidades) modifica las tradicionales formas de planeamiento y, en la actualidad, se desea bascular hacia el desarrollo de proyectos individualizados, con lo que se deja de presentar a las ciudades como un objeto de apego y de preocupación, para convertirlas en lugares ó entornos de oportunidades sociales y económicas. Jessop (1996) lo estructura en cuatro planos.

El primero, en la actualidad las ciudades y las regiones cobran cada vez más importancia como espacios de competitividad económica. En el segundo plano la competencia ha de ser entendida en términos schumpeterianos, lo que significa que determinadas combinaciones económicas sociales o políticas a nivel urbano proporcionan ventajas competitivas. En tercer plano, es que la gobernanza local sustituye al gobierno local como la vía más apropiada para potenciar la competitividad económica. Y en cuarto lugar, que los factores internacionales constituyen una fuente de riesgo y de oportunidad respecto a lo que ocurre en el nivel económico local.

Se potencia, en suma, la competencia y la rivalidad en mercados abiertos y de amplia rivalidad, ó como afirmaban Philo y Kearns (1993) estamos abiertos a “la lucha por un trozo de pastel de la inversión de capital”.

Conclusiones del capítulo de presentación del quinto tomo de Economía de la serie Proyecto Galicia, del que es coordinador Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña
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