Es normal que a Ecclestone le gustara Valencia

09 de junio de 2011 (23:43 CET)

A todos aquellos que entramos en la facultad de Periodismo nos explican una máxima: debemos saber un poco de todo y, en caso de no controlar un tema, buscar siempre una fuente fiable que nos asesore sobre cómo contarle las cosas a la gente. Sin embargo, cuando me encaminé hacia la rama del deporte poco pensaba que iba a dominar tantos términos económicos. Yo tenía una relación máxima con estos parámetros basándome en el dinero que se pagaba en traspasos por futbolistas. Y sin embargo, como diría Joaquín Sabina, ahora sabría explicarle a cualquiera el concepto de edificabilidad, PAI, plan de viabilidad y hasta activo tóxico.

Del mundo del fútbol hablaremos otro día, porque ahí sí que tendríamos que estar INDIGNADOS. Pero hoy, ante la cercanía y las últimas noticias, quizá sea mejor centrarnos en la Fórmula 1. En nuestra Fórmula 1, concretamente. Es decir, aquella que pasará por territorio valenciano en unos días. Para quien no lo sepa, albergar una carrera de las que organiza el señor Ecclestone no es ni mucho menos gratis. Es verdad que vino a la capital del Turia y se enamoró del puerto y del mercado central, pero no tuvo reparos en ponerle precio a ese amor finito, un contrato de cuatro años más tres prorrogables: 18 millones de euros por año.

Sin embargo, no se queda ahí la cosa. Quizá tampoco conozca el gran público que el tío Bernie se queda un porcentaje de la taquilla, el primer 35%, y es a partir de ahí cuando los organizadores empiezan a poder contar sus billetes. Porque los de antes ni mucho menos son suyos.

Viene esto a colación de la política de la Generalitat Valenciana en torno a los grandes eventos. Es innegable que la Ciudad de las Artes y las Ciencias y la Copa América consiguieron en su día algo que siempre se buscó para la ciudad y que solamente se pudo obtener para las zonas costeras: que la gente pasara unos días de vacaciones aquí. Hasta entonces, ya podías hablarle a los extranjeros del Museo San Pío V, los Jardines de Viveros o el Miguelete, porque muy pocos los conocían y, quienes tenían conciencia de ellos, no los consideraban un motivo suficiente para pasar varios días de asueto en territorio levantino.

Las cuentas no salen

El colofón a esta política fue la apuesta por la Fórmula 1 y la creencia de que el lujo y el glamour que la envuelve atraería tanto a ricos como a menos pudientes, lo que conseguiría que el crecimiento hotelero y hostelero de la urbe se viera compensado en forma de ingresos por los recién estrenados turistas. Y, de hecho, ocurrió. Pero solo el primer año. Aún en crisis, la gente hizo cola para ver por primera vez de cerca a Alonso y compañía y los paquetes turísticos se vendieron como churros. En agosto. Cuando no hay nadie en Valencia. La sociedad gestora del evento, Valmor Sports (Jorge Martínez Aspar, Fernando Roig y José Luis Olivas) se frotaba las manos: podrían pagar de sobra el canon y ganar dinero y los valencianos no tendrían que poner nada de su bolsillo.

Pero resulta que en 2009 la crisis se agravó. Y en agosto seguía haciendo 32 grados, con muy pocos lugares donde resguardarse en medio de un trazado pegado al mar. Ahí ya se palmó pasta. Y no se llenó el circuito. Y Ecclestone comenzó su habitual guerra psicológica filtrando por ahí que había muchas ciudades dispuestas a albergar sus Grandes Premios. Y que no tenían problema en pagarle un canon, dos o seis.

Y hete aquí que llegamos a la actualidad. La Generalitat asume el pago de los 18 millones para que Valmor no los palme. Intenta negociar el traspaso de poderes, incluyendo el del Circuit Ricardo Tormo, con grandes nombres empresariales y vinculados al mundo del motor de la Comunidad. Pasa la carrera a finales de junio. Pero, aun así, no hay negocio. Y quizá tampoco mucha más repercusión exterior, porque va a ser el cuarto año que los espectadores ven la playa de La Malvarrosa por la tele y quien quisiera venir ya lo ha hecho o ya lo tiene en la cabeza.

Pese a ello, desde el propio gobierno autonómico se ha afirmado que la intención no es acabar en 2014, sino prorrogar hasta 2020. Y que, aun así, se seguiría soltando el mismo morterazo de dinero pero habría ‘contraprestaciones’ que no han trascendido, obviamente. Por todo esto, la pregunta que me hago como valenciano, aficionado al deporte, y empleado indirectamente de la Fórmula 1 como narrador de las carreras en Radio Marca, o sea, nada sospechoso de atacar porque sí, sino todo lo contrario, es: ¿No habrá mejores lugares donde emplear esos 18 millones?
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