Emprendimiento

11 de abril de 2013 (11:14 CET)

La economía no sale del coma. Como mejor (¡o peor!) muestra, ahí está la falta de ofertas de trabajo en el país, que amenaza con volverse endémica. Tenemos parados de todas las clases: jóvenes y viejos, recientes y de larga duración, universitarios, técnicos y sin formación... El empleo es una rara avis, una especie en extinción, un anacronismo; encontrar una empresa con planes de contratación se revela más complicado que encontrar la deseada aguja en el pajar

Podríamos seguir ad infinitum describiendo la insólita situación. Da la impresión de que eso hacen la mayoría de gestores políticos y económicos: limitarse a verificar el estado de las cosas sin intentar la mínima solución. De suerte que la única salida semeja la emigración, como fue en el siglo XIX, y en el XX, ¿por qué no también en el XXI? Ante la falta crónica de trabajo, abrazamos la emigración, ayer, hoy y tal vez mañana.

Queda el recurso del emprendimiento. De nuevo, aquellos gestores también lo comentan, sobre todo en las campañas electorales. Pero la realidad se vuelve a manifestar cruel y deja al descubierto las penosas carencias de quien tendría que dar el remedio. Ni quieren ni saben. Se demoran sine die en presentar iniciativas, leyes, procedimientos... Ese es su campo de trabajo, árido como un pedregal. Ni quieren ni saben, insisto. Sus propuestas son, escojan el término: inocuas, irrelevantes, insignificantes. Aquí, como en tantos otros campos, necesitaríamos una revolución.

El emprendimiento debe entenderse en un sentido amplio. Algunos lo identifican erróneamente con el autoempleo como último recurso. Y no es eso. Se trata con un concepto esencial de la economía, de esa sensibilidad hacia la iniciativa, a la innovación, a la creatividad, al progreso. También de esa voluntad de colaboración, de sumar recursos, generar sinergias. Eso viene siendo el emprendimiento y así lo deberían entender los gestores políticos y económicos.

Dos ejemplos reales para que sirvan de eso, de modelo de actuación. Pequeña empresa gallega de I D (¡las hay!), más de dos años de desarrollo de una solución única de telediagnóstico médico, alta tecnología. Van consiguiendo los fondos necesarios, muy malamente. Para la construcción del prototipo, recurren a un proveedor californiano. A los pocos días, reciben la llamada de un concejal del municipio de San José ofreciéndoles capital para invertir en el proyecto.

Segundo ejemplo: diminuta empresa gallega de videojuegos. Años desarrollando un juego en cuatro capítulos, magníficamente valorado por los aficionados. Grandes dificultades de financiación. Acuden la un foro internacional donde descubren que si trasladan su domicilio a Canadá, recibirán, en función de la ciudad, entre un 15 y un 50% del total de los costes e inversiones que requieran para el proyecto, incluyendo los gastos de personal.

Estados Unidos presenta un 9% de paro (y están muy preocupados), Canadá un 7,5%, y otros países donde el emprendiminto representa uno de sus principales ejes económicos, se mueven incluso en valores inferiores: Holanda --4,4%-- o Alemania --6%--. La diferencia es notable: parte de la explicación se encuentra en la distinta predisposición de sus administraciones hacia el emprendimiento.
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