Electricidad, consumo y economía

21 de julio de 2013 (23:52 CET)

Afirmar que todos los fenómenos eléctricos se deben a las manifestaciones de una propiedad de la materia, distinta de una masa, denominada carga eléctrica, no es decir nada y es decir todo sobre el ámbito de la energía. Otra cosa es la estructura, administración y su regulación dentro de un territorio. Otra cosa es cómo se gestiona y se distribuye.

Por ello, debemos diferenciar en nuestro modelo civilizatorio y cultural la institución, la dirección, la administración y la gestión de un bien, de un recurso y un servicio que afecta a la sociedad y que delimita el poder; es curioso y al menos anecdótico, cuando no preocupante por su determinación eclética, en cualquier caso, que se nos presente una diferenciación de valoración entre el ministro de Hacienda y el ministro de Industria.

Sin embargo, la toma de postura y posición del Gobierno sobre las eléctricas están pasando muy desapercibidos en la opinión pública, que está muy cargada y ocupada por motivos más tangenciales en lo personal, que afectan a los gobernantes, que centran y eliminan otras alternativas y, de ahí que, casi todo, es desviación de lo principal y significativo para la ciudadanía: la limpieza y la honestidad de los actores políticos y de sus reglas de juego o juego limpio (fair play) en la esfera pública y en la esfera privada.

¿Quién nos gobierna?¿De quién nos fiamos?¿Qué juego limpio y democrático poseemos?¿Cómo es posible que la pantalla, la imagen, la apariencia o la simulación, que es mentira, engaño, farsa y traición, suplanten a la realidad, a la presencia, a los hechos y a la verdad?

Hay que reivindicar que la forma no elimine el fondo, que la fórmula no anule el contenido, que el revestimiento no oculte a las partes. Por ello, como muestra de vitalidad democrática se exige claridad, honestidad y transparencia frente a ocultamiento, funcionalidad y opacidad.

De esta forma, la toma de postura del gobierno sobre un tema capital como la energía ha pasado a un segundo plano. La actualidad del denominado caso Bárcenas abre nuevos acontecimientos, que suponen la ruptura de cualquier escenario posible, presentándose en nuestro presente, un proceso cotidiano y dialéctico como reflexión intelectual y como quehacer político, donde la premisa del todo vale ya no cuela, ni tampoco las visiones tratadísticas de una moral pública abstracta. Ya Simmel señalaba dos umbrales que marcaban terreno y diferencia: la vergüenza y la repugnancia, cuestión hoy reivindicada por la ciudadanía como autodefensa dentro del propio sistema democrático.

Apelar a la confianza, a la credibilidad, a la identidad y a la seguridad del sistema no es más que extender desde el poder tentáculos a la motivación y a la causalidad en unos momentos cruciales de la crisis, cuando desde el individuo la diferencia está en la concepción subjetiva y objetiva de la ética, cuando desde la sociedad se observan hechos desiguales que afectan al derecho, cuando desde la política –la política partidista puesta en escena- abre tantos interrogantes.

Ya Alfred Marshall en Principios de Economía, en 1890, nos señalaba, que el pensamiento neoliberal pretende estar desprovisto de “juicios de valor”, pero de ahí a situar que “otros tienen un problema”, “la labor está definida”, etc, nos induce a error, porque no se puede eludir el contenido social ni el compromiso ético de los que nos gobiernan, aunque los informes y los análisis lleguen a conclusiones claras.

En este contexto, se aprueba una importante reforma del sector eléctrico, que hay que situar precisamente dentro del pensamiento neoliberal de la economía, teniendo en cuenta el contenido social y el compromiso político sancionado en las elecciones, donde es preciso aclarar que estamos ante un asunto estratégico y de Estado, que involucra a todos y a todo, que incorpora la tecnología y el desarrollo, que se encuadre dentro de los márgenes de la civilización.

No es válido, pues, quedarse con los tópicos de la dependencia exterior, de las muestras estadísticas sobre consumo, sobre los rasgos de la distribución, sobre los recursos propios, sobre los costes, sobre los gastos, sobre las ayudas, sobre las inversiones… La electricidad está dentro del sector energético. Pero, ¿qué camino se siguió? ¿La propuesta por el PP en las elecciones? El problema está también en otro plano: la mediación, donde se encuentran las empresas eléctricas.

El mundo económico nos adentra en la cantidad, que va desde los barriles de petróleo; en el valor, donde aparecen los precios corrientes o nominales; y en el precio, donde observamos los presupuestos, los gastos interiores, totales y finales con importaciones y exportaciones y, en este mismo ámbito, aparecen el consumo público, el privado, la inversión.

La energía define el modelo de país, lo cual nos plantea el tipo de energía que se usa: la tradicional, la atómica, la nuclear, las renovables, etc. Y, aquí, surgen interrogantes y planteamientos tanto grupales como individuales, que van mucho más allá que el negocio o la explotación. ¿Es definitivo el cierre de Garoña?¿Cuáles son los riesgos de este tipo de energías?¿Es rentable y pueden ser asumidos los riesgos que conllevan?

El ecologismo, defendiendo las alternativas y eólicas ¿refleja el modelo alternativo? Por todo ello, desde los planos activos, mediadores, productores, distribuidores y de consumo, el asunto energético es mucho más que simples anuncios, conlleva idea de estructura, de organización y de diseño en un marco de crecimiento y desarrollo.

¿Qué es lo que recogió la opinión pública de este asunto? ¿Cómo se sienten afectadas las Comunidades Autónomas? ¿Cómo es el reparto de las empresas energéticas? ¿Qué es eso del canon? Hay que ver que, desde el affaire de Endesa en tiempos de Zapatero y sus veleidades con Alemania e Italia, hubo una desestructuración del viejo sistema, donde ya no podemos hablar los gallegos de Fenosa, que era solo una muestra.

¿Cómo es posible que un tema tan trascendente, apenas haya sido reflejado, estudiado y explicado? Todo indica que es transitorio, y que después de la crisis –si llega algún día- se podrán plantear otras perspectivas.


Vicente González Radío es catedrático de universidad en la UDC
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