El pico de los fosfatos y el Sáhara Occidental

20 de enero de 2015 (01:57 CET)

Aunque resulte algo extraño mencionarlo, a la vista de los precios actuales del petróleo, durante los últimos años se ha popularizado la expresión "peak oil" ("pico petrolero") para referirse al punto máximo de la oferta de petróleo: el momento en el que la extracción de crudo alcance su punto máximo, y a partir del cual la producción empiece a descender por el simple motivo de que los combustibles fósiles tienen unas reservas limitadas. La bajada inevitable de la oferta provocaría un aumento sostenido del precio a lo largo del tiempo, hasta que la extracción resultase antieconómica. Según algunos, el pico ya se ha rebasado. Otros consideran que el fracking y las arenas bituminosas permitirán prolongar la economía basada en el petróleo durante décadas.

En todo caso, lo cierto es que el petróleo puede ser sustituido, hasta cierto punto, mediante fuentes de energía alternativas. Pero, ¿qué ocurre con las materias primas para las que no hay alternativa?

La agricultura actual demanda enormes cantidades de fosfato mineral para alimentar a la enorme y creciente población mundial. Son nuestra única fuente eficiente de fósforo, un nutriente esencial, y sin él la producción caería en picado; según algunas estimaciones, como máximo podría ser de un tercio de la actual. De la misma forma que se ha hablado del "peak oil", algunos investigadores han apuntado a un "peak phosphorus", a un decrecimiento de las reservas de fosfatos. En los últimos años, sin embargo, el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha aumentado sus estimaciones de reservas, y el International Fertilizer Development Center asegura que no habrá carencias en un futuro reciente.

Pero los mercados son menos optimistas. El precio de la tonelada de roca fosfórica, materia prima para los fertilizantes, es ahora dos veces más alto que en el cambio de siglo, con un importante repunte especulativo en 2007 que quintuplicó su precio. El fósforo no está agotándose... Pero sí que van explotándose los yacimientos desde los que es más fácil extraerlo, y cobran mayor importancia estratégica los lugares en los que es cómodo y barato encontrar el material. Y, ¿dónde se encuentran las mayores reservas fácilmente accesibles? En el Sáhara Occidental, antigua colonia española y tablero de juego de los intereses estratégicos marroquíes y argelinos y, con una implicación mucho menor, Mauritania y España. Rabat mantiene su dominio sobre este territorio gracias al apoyo histórico estadounidense y francés, pero en los últimos dos años la colaboración con París en materia de seguridad se ha roto completamente, y el apoyo de los Estados Unidos, aunque cimentado por la presencia de petroleras norteamericanas en el territorio, no es tan fuerte como antes.

Si la tendencia de incremento de precio de los fosfatos se consolida, en las próximas décadas la necesidad económica convertirá al Sáhara Occidental en un territorio con un importante interés estratégico. La creciente presencia de islamismo militante en el Sahel, la edad de Buteflika y la creciente falta de estabilidad en Argelia, principal asesor y mecenas de los independentistas saharauis, se suman a los factores a tener en cuenta en un futuro próximo.

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