El nuevo gobierno y los 13 millones de precarios

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04 de noviembre de 2016 (17:24 CET)

Estar en el paro es una situación dura y personalmente corrosiva. Angustiosa en extremo, desde la óptica familiar. Como ocurre con otras situaciones vitales dolorosas, solo quien pasa o ha pasado por ella alcanza a saberlo en toda su crudeza. Dramas personales y familiares que no se cuentan en el facebook, que se mascan en la intimidad. Juventud sin horizonte, temor por la familia, sufrimiento por los hijos.

Sí. Se supone que esto ya lo sabe y lo entiende toda la gente de buena voluntad. Rítmicas estadísticas oficiales se encargan de comunicarnos con puntualidad burocrática los cambios en la gráfica. Punto para arriba, punto para abajo. Diez mil que entran, diez mil que salen, diez mil que entran y salen como pelotas de pimpón temporales. Eternamente temporales.

Se supone que el nuevo/viejo gobierno de Rajoy tiene como uno de sus objetivos prioritarios combatir la enorme magnitud de tal tragedia. Pero algo distinto tendrán que hacer, porque ahí sigue la cruda realidad, pese a los síntomas macroeconómicos de la recuperación.

La composición del gabinete, idéntico al anterior en lo esencial, induce a ser poco optimista respecto al tipo de políticas que se van a aplicar. Las que se han seguido hasta ahora, cubiertas por el manto protector de una reforma laboral salvaje, activaron un mercado de trabajo temporal y precario en el que empresarios y administraciones se manejan con abusiva habilidad.

Se alivian las listas del paro, mientras se engrosan las del precariado, esa nueva clase social de los temporales, tiempos parciales, interinos y demás infrapuestos de trabajo con el que ahora se denomina la explotación laboral. Estamos ya en el punto de que ni siquiera el hecho de tener trabajo garantiza un mínimo de estabilidad personal y familiar (¡ay, presidentes Rajoy y Feijoo, esa otra estabilidad doméstica tan escasa…!) Un informe de Oxfam Intermón de esta misma semana denuncia que 13,2 millones de españoles están a un paso de la exclusión social a pesar de tener trabajo o algo que se le parece. Así es que si hablamos de estabilidad, ¿de qué estabilidad hablamos?

A la precariedad se ha sumado la devaluación salarial atizada por el gobierno e impuesta por las empresas so pretexto de la crisis. Los datos son demoledores y explican con claridad el inaceptable crecimiento de la desigualdad a lo largo de la crisis. Un ejemplo de los que aporta Oxfam: los salarios más bajos han caído un 28% desde 2008. Una realidad desestabilizadora para la que dudo mucho que el nuevo gobierno de Rajoy, viejo desde el primer día, traiga soluciones reales. Ni siquiera paliativas.

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