El Galatea, el IBSA I, el Bernardo Alfageme...

27 de enero de 2015 (18:02 CET)

Parecía que ahora sí lo conseguiríamos y romperíamos la tradición de menospreciar la cultura marítima, la industria naval, la pesca y a los hombres de la mar. Me refiero a nosotros, los ribereños del atlántico, gentes que mantienen esa relación ancestral con el océano que nos da vida y que, en ocasiones, tanto despreciamos. Especialmente todos aquellos que la ignoran, la desconocen o la consideran un mal menor. En su día, maltratamos hasta achatarrarlo al buque escuela de maniobra Galatea, un barco que prestó servicios a la Armada desde 1925 hasta 1982 en que fue dado de baja y malvendido. Lo compraron de nuevo los escoceses, sus constructores, y después de su rehabilitación se transformó en un museo a flote. Actualmente se llama, de nuevo, Glenlee y se encuentra en Glasgow, Escocia, echando de menos su mascarón de proa original que todavía se conserva en la EN de La Graña, en Ferrol. Sucedió algo parecido con el IBSA I, un ballenero que perteneció a las empresas IBSA y Massó Hermanos vendido igualmente para chatarra después de años de servicio. Lo compraron sus constructores, de Sandefjord, Noruega, quienes lo rehabilitaron, musealizaron y convirtieron en un gran foco de atracción dentro del museo Hvalfagstmuseet, el único museo europeo dedicado a la industria ballenera. Y ahora se repite la historia, o al menos eso parece, cuando quieren condenar a convertirse en un florero anclado a una rotonda en Vigo al pesquero "Bernardo Alfageme".

El "Bernardo Alfageme", a diferencia de los casos anteriores, sí fue construido en Galicia, en los Astilleros Barreras (1944), lo que todavía le aporta más valor. Es el único superviviente de una serie de 10 llamada Standard Barreras. Tiene 31 metros de eslora por 6 de manga, está construido en acero con remaches (anterior a la soldadura) y equipado con un motor Deutz de 330 cv de potencia, que le permitía alcanzar 9 nudos de velocidad de crucero. Fue dado de baja en 1988, con una hoja de servicio de innumerables campañas en el Gran Sol. Después de múltiples peripecias pasó a manos municipales, con el propósito de proceder a su rehabilitación y exposición en el Museo do Mar de Vigo.

Plenos municipales, gestiones infructuosas, disputas políticas, diferentes gobiernos locales, abandono del proyecto en varias ocasiones..., hasta que llegó el momento de finalizar la rotonda de Coia y al alcalde vigués, haciendo bandera de lo que denomina clamor popular, decide trasladarlo allí, convertirlo en una escultura gigante sin acceso y condenarlo irremisiblemente. Se oponen muchos vecinos, otros partidos políticos y todo el sector de la mar, del que nunca se habla ni al que suelen pedir opinión. Véanse las declaraciones y comentarios de las páginas de Ingeniería Naval, Patrimonio histórico, Cultura Marítima, cofradías de pescadores, y un largo etcétera. Pero en esas estamos, sin haber aprendido nada de nuestra historia reciente ni de otros casos destacados, como el de las peripecias y peregrinajes que sufrió el submarino de Peral en Cartagena hasta que recientemente se trasladó al Museo Naval, se restauró, musealizó y convirtió en un importante foco cultural y turístico (económico) de aquella ciudad departamental.

Contamos en Galicia con muchos museos navales: Museo Naval de Ferrol, Exponav, Museo del Mar de Vigo, Museo Massó en Bueu, el museo de Rianxo, el de Corcubión, el Museo Provincial do Mar en San Cibrao, las secciones en el Museo do Pobo Galego, el de la Diputación de Pontevedra..., pero únicamente tenemos musealizado el bonitero "Reina del Carmen" en Burela y la réplica de la Pinta en Baiona, sin tener en cuenta las embarcaciones menores (dornas, bucetas, chalanas...). El "Bernardo Alfageme" constituía una auténtica esperanza para todas las personas a las que les gustaría ver como vivían sus tripulantes, como eran los aparejos de pesca, como se había construido, ver la maquinaria que lo propulsaba o poder entrar en su puente de gobierno.

El debate político, la polémica y las luchas partidistas han hartado, una vez más, a los ciudadanos, que llevaron el caso hasta la fiscalía, de lo que parece no nos libra nadie en este país. O lo arregla la Justicia o no lo arregla nadie. Espero que de su dictamen se derive que este histórico y arrufado pesquero pase a formar parte del patrimonio industrial, histórico y marítimo de los vigueses, de todos los gallegos. Compartimos las faenas y los caladeros con noruegos, escoceses y demás pueblos atlánticos. A ver si podemos compartir también el respeto hacia la forma de vida de la pesca, la navegación, la industria naval, todo eso en lo que Vigo es una gran potencia europea y sede de una universidad de referencia.


José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas
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