Cuando la crisis es buena

20 de marzo de 2014 (10:59 CET)

Desgraciadamente estamos muy acostumbrados a escuchar la palabra crisis mucho más de lo que nos gustaría. Sin embargo, a veces caemos en el error de pensar que las crisis se restringen exclusivamente al terreno económico, cuando, en realidad, las empresas y las organizaciones sufren a menudo otro tipo de crisis que, aunque al final puedan acabar repercutiendo también en sus cuentas, su origen está en un problema más de imagen que de billetes.

Lo que está claro es que una crisis responde a un cambio repentino entre dos situaciones. La crisis nunca es anticipada porque, si lo fuese, se pondrían en marcha todos los mecanismos para que no llegase a producirse nunca, así que siempre está ligada al efecto del factor sorpresa. Cada crisis es única y ni sus causas ni sus efectos suelen ser iguales, a pesar de que inevitablemente pone en peligro la imagen de la empresa y su equilibrio en el mercado.

Una huelga, un ERE, una quiebra, un comportamiento poco ético, una catástrofe medioambiental, un rumor, unas declaraciones de la competencia, entre otras muchos ejemplos, provocan una crisis en la organización empresarial. Son situaciones de urgencia que hay que afrontar lo antes posible, cortando el nervio de raíz y acallando las informaciones negativas lo más rápido que se pueda. Pensemos que las relaciones de la empresa con su entorno se tambalean y que a la urgencia de la situación hay que sumarle las urgencias mediáticas, a las que tendremos que adaptarnos. Y recalco, adaptarnos, no caer en sus redes.

Que la crisis no se pueda evitar no quiere decir que no podamos prevenirla y, en ese sentido, tener elaborado todo un dispositivo para poner en marcha tan pronto como se produzca. Que las empresas sufran crisis es grave, pero es normal y habitual, e incluso cuando se tratan con buena medicina hasta pueden reforzar la imagen de la marca. Prevención para el antes y decir siempre la verdad para el momento exacto ayudarán sin duda a mantener el barco a flote, pues pensemos que todo lo que nos ha llevado años y años conseguir se puede venir abajo en cuestión de segundos. A todos se nos ocurren ejemplos reales sin ninguna intención preferente.
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