Crisis y crisis económica

06 de mayo de 2013 (17:33 CET)

El hartazgo es perjudicial, llena y no es útil en cualquier ámbito de la vida. Aristóteles señalaba que en el medio está la virtud y, desde el saber popular, se afirma que lo poco gusta, lo mucho cansa y lo mucho y amplio agota, es que ya no seduce. Unos hablan de la crisis en general, otros se centran en el marco económico, algunos se recrean en la fragmentariedad de enfoques, todos cuentan, en fin, de argumentarios en campos variados. Y es que la crisis económica está dentro de la evolución que estamos viviendo y, por ello, se observan diferentes campos que la abarcan: la existencial, la ideológica y la material. La económica se encuentra en todas.

Pero la crisis de nuestro tiempo en España es mucho más amplia. Hay un cambio de ciclo epistemológico de conceptos y categorías, hay una mutación estructural-funcional del sistema, hay una transformación de los modelos debido a la experiencia. Por todo ello, hay que ver la proyección-reflejo en la cultura (valores, normas, costumbres, hábitos, estilos de vida, usos sociales, lenguajes y ámbitos simbólicos) y en la civilización (como conjunto de maneras de vivir), donde el progreso y la globalización marcan su propio espacio.

Los diagnósticos son superabundantes; unos se refieren a los elementos subjetivos, activos y pasivos, otros a los factores técnicos, formales y mecánicos y, también, los hay que se refieren al plano objetivo, que es el lugar de las limitaciones, restricciones y de la escasez.

Sin embargo, es necesario volver atrás y plantearnos por qué hemos llegado aquí, qué nos ha pasado y cuáles son los aspectos que debemos replantear para tratar de salvar la crisis que nos presenta a seis millones doscientos mil parados: signo, señal e indicio no sólo de la desesperación, sino de la reclamación a los poderes públicos y privados que nos arrastraron a esta situación en el denominado Estado del Bienestar.

Este agotamiento y crisis se manifiesta en la desaparición del individuo, de la sociedad, del Estado y del Mercado propiamente para realizar otro papel, pese a que se hablase de lo social, aunque no en el sentido de Horkheimer o de Hannah Arendt, para dar paso a un sistema y su gestión de la crisis: 1) La “institucionalización del saber”, donde están los mismos sapientes en todos los sitios con su correspondiente pedagogía del compromiso (negocio); 2) la “institucionalización del poder”, donde los políticos y el poder político lo invaden todo en la definición frente a la sociedad civil; 3) la “confusión entre partidos políticos y movimientos sociales”, donde aparecen discursos equívocos permanentemente; 4) la “confusión entre agentes sociales organizados (ONG), partidos y sindicatos”, donde hay una confusión entre derechos, principios, intereses e ideales; 5) la “confusión entre progreso, crecimiento, desarrollo y globalización”, donde el capitalismo salvaje, la terciarización de la economía con especulación y subvención eran moneda de cambio; 6) la crisis del liderazgo social, donde los referentes ya no son los santos, los héroes, los genios, los líderes (carismático, autoritario o legal) o los ídolos, para dejar paso a iconos en el espacio público con el éxito, la técnica y el goce.

Vicente González Radío es catedrático de universidad
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