Cómo utilizar los seguros para protegernos

13 de marzo de 2013 (15:11 CET)

Planificar la protección personal o de la familia es la técnica que utilizamos los asesores financieros para ayudar a nuestros clientes a organizarse con los seguros. Trataré de explicar por qué es necesario estar cubierto con seguros personales o seguros de daños, cómo contratarlos de forma correcta, es decir, los pasos a seguir, y cómo conocer los precios en el mercado a través de simuladores. Conviene antes buscar respuesta a algunas preguntas.

¿Por qué contratamos seguros? Mejor dicho, ¿por qué deberíamos contratar seguros? Porque no estamos libres de que nos suceda un acontecimiento negativo que de repente nos merme nuestro nivel de ingresos y, como consecuencia, nos ponga en una situación personal o familiar precaria que nos impide conseguir nuestros sueños o cumplir con nuestras responsabilidades. En España tenemos 3,5 millones de personas con algún tipo de invalidez, esto representa el 9% de la población. De éstas, 1,4 millones tienen menos de 65 años. En los últimos 12 meses, 17 de cada 100 personas entre 25 y 34 años declara haber sufrido un accidente, y si nos vamos al tramo de entre 35 y 44 años el número de accidentes declarados es de 14 de cada 100. La mayoría de estos accidentes se producen en el hogar (28%), en el centro de trabajo (28%) o en lugares públicos (25%). Por tanto, es muy importante medir estos riesgos y protegerse de ellos en la medida que pueda o así lo exija las cargas familiares que tenga.
 
¿Qué es lo que más preocupa en lo que se refiere a la seguridad económica personal o familiar? El desempleo y una enfermedad se llevan la palma. Al 28,5% y 28,7%, respectivamente, de la población es lo que más les preocupa. Después está en un segundo nivel el robo y los accidentes, con un 18% y 16,5%, y qué raro, la jubilación, el fallecimiento y la invalidez es lo que menos preocupa. ¿Por qué será? Tal vez nuestro grado de confianza en el Estado del Bienestar siga siendo alto a pesar de la crisis y de la evolución de la pirámide poblacional, o simplemente nos conviene pensar que el nivel de protección actual se mantendrá muchos años.

Puede ser que no tengamos conciencia de lo que nos ocurriría económicamente si tenemos la desgracia de sufrir alguna de las contingencias mencionadas, que por cierto no incluyen la dependencia, es decir, la necesidad de tener que ser cuidados por otra persona por incapacidad física o psíquica.

¿Cómo debo organizarme para cubrir estos riesgos y mantener mi nivel de ingresos? La planificación de la protección se ocupa de dar respuesta a esta pregunta. ¿Cómo? Son varios los pasos a seguir. Lo primero es identificar cuáles son las necesidades que debo cubrir: enfermedad grave, accidente, desempleo, siniestro, pérdida de un socio, fallecimiento…. Después, cuantificar el impacto de que sucedan esos hechos y la probabilidad de los mismos. Por ejemplo, no tiene el mismo impacto en la economía personal o familiar un accidente, una enfermedad o el fallecimiento si tenemos hijos menores a cargo o hipoteca, que si estamos solteros y de alquiler. No tiene el mismo nivel de importancia el seguro de salud cuando se tiene hijos o se está embarazada que cuando se es joven sin cargar familiares. Y respecto a la probabilidad de que se produzcan estos sucesos, es obvio que cuantos más años tenemos más probables son las posibilidades de tener una enfermedad grave.

Debemos después clasificar por orden de importancia los riesgos que tenemos que cubrir y priorizar. Por término general cada fase de nuestra vida tiene una prioridad de coberturas. En el tramo 25-50 años la prioridad suele estar en la protección de la familia y el ahorro. Así los seguros de salud, enfermedad, vida, hipoteca, accidentes y hogar son prioritarios y obligados en caso de tener formada una familia con hijos e hipoteca, por ejemplo. Y generar ahorro para la tranquilidad, los hijos y la jubilación también forma parte de las prioridades, aunque cubrir la jubilación no se incluye normalmente como prioridad hasta que no se ven las ventajas de empezar su cobertura cuanto antes. A partir de los 50 años la prioridad se va hacia la jubilación y dependencia, la protección del ahorro, la sucesión, sin desprenderse de la asistencia sanitaria. Si a estas edades se ha hecho una adecuada planificación de la jubilación desde el inicio de la etapa laboral, la solución a estos  problemas estará bien encauzada.

Identificados los riesgos a cubrir, establecemos las coberturas y calculamos las primas que tendríamos que pagar. Para calcular las primas, hoy en día tenemos la posibilidad de utilizar sencillos simuladores que podemos encontrar en internet y así poder comparar los precios más adecuados a nuestro interés. Es importante tener en cuenta que, normalmente, la diferencia de precio entre la tarificación que nos da un simulador y otro estará en tres conceptos, el porcentaje de comisión del mediador, el margen de la Compañía y el nivel de servicio que se ofrezca. Por tanto, nos podremos encontrar dos precios diferentes en un seguro con la misma cobertura y con la misma compañía. La diferencia estará en que el mediador se aplica un porcentaje menor o mayor de ganancia. Y si el precio es diferente entre compañías para la misma cobertura, ahí hemos de valorar márgenes de beneficio y otros conceptos como solvencia y calidad de servicio  y quedarnos con la compañía que nos inspire mayor confianza.

Acto seguido, debemos calcular qué parte de mis ingresos debo destinar a los seguros. Después de realizar una sencilla cuenta de ingresos y gastos, se trata de decidir qué parte de mis ingresos debo o puedo destinar a los seguros. También debemos decidir cómo y con quién hacer los contratos. Por la relación entre precio y calidad del servicio ya no es tan fácil elegir, porque es en este ámbito donde más compiten las compañías de seguros, que tratan de diferenciarse por la calidad del servicio que ofrecen a sus clientes. Respecto a los profesionales que nos dedicamos al asesoramiento financiero de las familias, nuestro trabajo en el ámbito de los seguros es elaborar un plan financiero específico para cubrir las necesidades de seguros, en un proceso similar a la planificación financiera.

En resumen, los seguros bien utilizados mejoran la calidad de vida, y en muchos casos son necesarios si somos responsables de cargas familiares. Planificar la protección es prioritario, antes que planificar cualquier otra necesidad u objetivo a medio o largo plazo, es decir, primero me protejo y después invierto, por ejemplo. Planificar la protección significa destinar la cantidad justa de mis ahorros a los seguros. También conlleva no tener sobrecoberturas, no cubrir exigencias que no son prioritarias o importantes, pagar las primas justas. Y después sí, después el resto del ahorro lo invertimos empezando siempre por la jubilación y los imprevistos.

Dositeo Amoedo es asesor financiero EFA. European Financial Advisor. Delegado del Comité Servicio Asociados EFPA en Galicia.
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