Comercialización de la nueva monarquía

05 de junio de 2014 (12:07 CET)

El escenario surgido tras la abdicación de la Corona por parte de Juan Carlos I estará lleno, al menos hasta la proclamación de Felipe VI, de análisis, valoraciones y manifestaciones a favor y en contra de que la Jefatura del Estado resida en la Monarquía e incluso en si el modelo de Estado debe seguir siendo el que fija la Constitución, una Monarquía Parlamentaria, o debe cambiarse para favorecer la llegada de la III República. Al mismo tiempo se han comenzado ya a llenar miles de páginas y cientos de horas de tertulias acerca de lo bueno o malo que ha sido el "juancarlismo" durante estos 39 años, y del nivel de preparación que ha conseguido atesorar don Felipe para poder desempeñar el "trabajo" de rey como Felipe VI.

No parecen existir dudas acerca del papel de dos de las funciones constitucionales más relevantes que ha desempeñado Juan Carlos I: como Capitán General de las Fuerzas Armadas, y como el primero de los Embajadores de España ante el mundo. Es cierto que la transformación que se produjo en nuestros ejércitos (en los que todavía se oían "ruídos de sables" a mediados de los 80) ha sido ejemplar, pasando de un ejército masculino, heredero de muchos valores procedentes de la dictadura franquista y basado en el Servicio Militar Obligatorio, al ejército profesional actual, mixto, ampliamente valorado por el conjunto de la sociedad española. Igualmente, el papel del rey padre ante las instituciones internacionales, gobiernos y regiones estratégicamente importantes para España como Latinoamérica, Europa, Norte de África y Oriente Medio, ha sido muy fructífero y ha posibilitado que los intereses españoles (ciudadanos, empresariales e institucionales) encontrasen un buen caldo de cultivo en el que poder desarrollarse.

Por otra parte, un amplio conjunto de méritos se atribuyen a este período monárquico, tales como su apoyo a la transición y el cambio de régimen, la estabilidad política con sus correspondientes alternancias, la cohesión territorial y el impulso institucional. Pero no se puede decir lo mismo acerca del bagaje en el comportamiento personal, claramente marcado por la opacidad en el manejo de los presupuestos asignados a la Casa Real, el proteccionismo periodístico-informativo totalmente dirigido desde su gabinete de prensa, o los excesos económicos poco ejemplarizantes en que ha incurrido y no sólo en períodos de crecimiento.

La evolución de España en estos 39 años ha sido extraordinaria. No hay duda de esto. Y los comportamientos, la preparación, el manejo de información y los valores de las actuales generaciones de españoles que no votaron la Constitución del 78 se están demostrando muy diferentes de los de las anteriores, "aflorando" especialmente en medio de esta crisis económica y social. Están en crisis los liderazgos de los partidos políticos y organizaciones sindicales; generalizada la corrupción; aumentando la desigualdad y acercando a miles de españoles a los umbrales de pobreza; incrementándose la desconfianza en las instituciones judiciales y medios de comunicación; y en "solfa" el propio rol de la monarquía.

Felipe VI no lo tendrá fácil. Estará sometido a una evaluación permanente y tendrá que procurar un cambio radical si quiere volver a obtener la valoración que tenía la Casa Real de 7 en lugar del 3,5 actual, según los últimos datos del CIS. ¿Con qué "plan comercial"? Estoy seguro de que en la libreta de don Felipe deben estar anotados, cuanto menos, cuatro corredores estratégicos de los que no sería bueno desviarse: austeridad en todos los gastos y máximo ajuste en el presupuesto de la Casa Real; transparencia absoluta en todo su ámbito de actuación; excelencia en la comunicación de cada una de sus gestiones; y demostración de la utilidad de la institución frente a un posible cambio a una jefatura elegida entre todos los ciudadanos españoles.

Estos pilares comerciales son, a mi juicio, condición necesaria para que pueda tratar de vender la "institución monárquica" en el momento actual a la sociedad española. Quedará por ver si son condición suficiente. De ello, entre otras cosas, dependerá la aceptación de su reinado y, con él, la permanencia de la monarquía.

José Picado Carballeira es consultor y profesor en la Escuela de Finanzas
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