Caso Pescanova: periodistas hostigados

15 de marzo de 2013 (13:47 CET)

La actitud de Pescanova con la prensa, particularizada en el injustificable y fulminante despido laboral del marido (trabajaba en un outsourcing informático de la conservera) de la delegada en Galicia del diario económico Expansión, Abeta Chas, evidencia una realidad que desgraciadamente es nuestro pan de cada día: el hostigamiento al que nos vemos sometidos los periodistas en el ejercicio de nuestra profesión.

La agresión a la periodista Soledad Arroyo, de Antena 3, por los escoltas de la ministra de Sanidad, Ana Mato, y los miembros de seguridad del Reina Sofía, las querellas contra medios periodísticos, las ruedas de prensa sin derecho a preguntas, la reclusión de los periodistas en salas aisladas para evitar que hagan preguntas, la emisión de video-comunicados y demás enlaces de sonido y fotos con los que los dirigentes políticos y empresariales tratan de convertir la información en propaganda son ejemplos de perversas prácticas que vienen siendo habituales.

Los directivos de Pescanova --así como los del resto de empresas e instituciones-- saben perfectamente que los periodistas no sólo tenemos el derecho de informar, sino la obligación de hacerlo, y que no tenemos responsabilidad alguna en el impresionante agujero de la conservera, que se cifra en 2.500 millones de euros.

Y saben también que la sociedad tiene el derecho de conocer la situación de dicha compañía, ya que, entre otras cuestiones, su incierto futuro afecta directamente a miles de familias que, de una forma u otra, dependen de la actividad de la misma.

Deberían, por tanto, olvidar al mensajero, ya que no tiene culpa alguna del devenir de los acontecimientos. Al contrario de lo que ocurre con quien o quienes han gestionado un gigante que, al parecer, tiene los pies de barro. 

Manuel González es presidente de la Asociación de la Prensa de La Coruña


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