Carta al próximo conseller de Economía, Hacienda y Empleo

10 de junio de 2011 (13:06 CET)

Una vez terminados los comicios autonómicos en la Comunitat Valenciana, en los que ha revalidado su mayoría parlamentaria el Partido Popular, asistiremos en breve a la toma de posesión de los distintos consellers que forman el gobierno autonómico. Y en estos tiempos de crisis y tribulaciones, si hay una conselleria que va a tener que ponerse a trabajar duro, esa es la de Economía, Hacienda y Empleo, que hasta ahora viene gestionando Gerardo Camps, y que, vistos los cambios que la composición de la mesa de Les Corts deparan, no sabemos si seguirá en sus manos o no.

Sea quien sea su titular, me gustaría, desde mi posición de administrado, realizar una serie de demandas que serían muy útiles para que la sociedad valenciana avanzase, y que ayudarían a que los ciudadanos nos reconciliásemos con los políticos alejados de la sociedad a los que tan acostumbrados estamos. Así que, con espíritu crítico, comienzo mis humildes demandas.

Abra las cuentas públicas a la sociedad. A los ciudadanos no nos vale que la Sindicatura de Comptes fiscalice las cuentas, porque aunque sea independiente funcionalmente, depende orgánicamente de las Cortes Valencianas, y nadie se juega el sustento denunciando a los que le pagan. Cada vez estamos más convencidos de que necesitamos gobiernos abiertos, transparentes y que apliquen la responsabilidad social en todos sus actos de Gobierno. Deje que seamos los ciudadanos los que juzguemos si su gestión es correcta, porque el poder emana desde nosotros a ustedes, no lo olviden.

Aplique criterios de suficiencia financiera. Predique con el ejemplo. No deje que ningún miembro de su Gobierno estire el brazo más que la manga, porque al final el traje acaba quedándose corto. Y racionalice los presupuestos hacia los fines últimos de una administración pública. La administración pública no está para organizar saraos a tutiplén ni para construir edificios del siglo XXII en tanto en cuanto haya administrados que tengan necesidades básicas pendientes de cubrir, y que solamente la administración pública puede y debe cubrir. Es un simple problema de pirámide de Maslow: primero las necesidades básicas, luego las de seguridad y protección, las de afiliación, las de estima, y finalmente las de autorrealización.

Pague a los proveedores. Cumpla con la Ley de Servicios de Pago. Pero no solo por el imperativo legal. Detrás hay empresas, con empleados y familias, a los que les gusta vivir tranquilos, sin miedo a que les venza la hipoteca o el crédito bancario, o que algún proveedor les plante delante un concurso de acreedores. Y diga la verdad, como hacen los empresarios responsables con los bancos: señores, debemos X millones. Plantee un plan de viabilidad racional. De verdad, preferimos un político derrochón y honrado que derrochón y mentiroso, pero de todas todas.

No eche las culpas de su mala gestión a "los otros”. El responsable de la gestión no es otro que el que gestiona, en este caso usted. La economía debe gestionar siempre recursos escasos, y siempre estamos con la cantinela de "nos deben", "no nos han transferido los fondos"... A ver, ingresan 20, gastan 20, pero no hagan previsiones irreales porque no cuelan. Además, ¿a quién van a echar la culpa si sus compañeros de partido pasan a estar en el Gobierno central? Ejerza sus competencias. Tiene usted transferidas competencias suficientes para tomar iniciativas junto con el conseller de Industria que mejoren el tejido empresarial de la Comunitat, dé un giro al modelo productivo imperante, y se convierta en semilleros de empleo. Solo hay que ponerse a ello, y apoyarse en los empresarios y emprendedores valencianos, que son muchos y valientes.

No olvide que es un administrador. Los ciudadanos los ponemos, y los ciudadanos, en un ejercicio (cuatrienal) de soberanía, los revalidamos o los mandamos a su casa. Y el dinero que administra es tan suyo como mío, y cualquier ciudadano puede y debe pedir cuentas si usted lo gestiona indebidamente. Y la prepotencia es un error de imagen muy peligroso. Hágalo por su bien, y por el de los ciudadanos que administra.
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