Carta abierta sobre la situación de Pescanova

03 de marzo de 2013 (23:16 CET)

Las dificultades que padece Pescanova abren un capítulo delicado e incierto en la historia que la crisis está escribiendo en nuestra comunidad. Su solicitud de preconcurso de acreedores me ha provocado, al igual que en otras ocasiones a lo largo de los últimos años, una sensación de pesadumbre, pero por la dimensión de la compañía, por su importancia estratégica y por la impagable contribución al progreso de Galicia, esta noticia me resulta especialmente dolorosa.

Hace poco más de medio siglo, los fundadores de Pescanova iniciaron un modelo de negocio del que no solo se aprovechó con éxito su empresa, sino que permitió al conjunto de la economía gallega crecer y crear nuevo tejido empresarial. Siguiendo la estela de aquellos pioneros, hoy se sitúa a su frente Manuel Fernández de Sousa, otro genuino emprendedor, quien apostó por crecer de manera orgánica y ordenada dentro de las posibilidades que ofrece el sector, antes que optar por modelos especulativos, como ha sucedido en otros casos. De hecho, su modelo de negocio mantiene su rentabilidad; pero ninguna empresa, a pesar de su relevancia internacional, resulta inmune a los avatares de la crisis.

Dentro de las debilidades que merman la competitividad de nuestra economía, destaca como una de las más graves la atomización de su tejido productivo. Desafortunadamente escasean las grandes compañías, cuando no se entiende el potencial de nuestra comunidad sin ese puñado de empresas que todos tenemos en mente. Firmas como Pescanova ejercen de fuerzas tractoras de la economía y de su actividad se nutren otras muchas empresas. Conviene por tanto prestarles una atención adecuada a sus necesidades.

Bajo estas premisas, las dificultades de Pescanova constituyen problemas mayores para la sociedad gallega. Por ello, no me cabe duda de que su situación suscitará una corriente en su favor entre las distintas administraciones y entidades bancarias. Tras todo lo expuesto confío en que sabremos estar a la altura del reto que se le plantea. Estamos obligados a dar respuesta a los problemas que amenazan al conjunto del tejido productivo, pero también al de una empresa señera que alumbra el paso de nuestra economía y que deseamos prosiga, en las próximas generaciones, brillando con idéntica intensidad.

Antonio Fontenla Ramil es presidente de la Confederación de Empresarios de Galicia 
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