BCN-Madrid, el debate necesario y hurtado durante mucho tiempo

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17 de abril de 2011 (18:20 CET)

Como esos alumnos perezosos, pero listos, Jordi Hereu luce sus mejores virtudes políticas cuando más apretado está. Con el partido, o lo que sea hoy el PSC, en contra supo derrotar a la ambiciosa Montse Tura y ganar las primarias para ser el candidato socialista. Con todas las encuestas empeñadas en enviarle al duro banco de la oposición, Hereu ha empezado a remontar y se le ve cada día más suelto, y hasta ingenioso.

Su última idea me parece brillante: retar a su homólogo, el alcalde de Madrid, a un cara a cara ante las próximas elecciones municipales. ¡Bravo! Por fin, algo de lo que hablar en esta sosa precampaña. Ahí es nada, un debate sobre los dos modelos de ciudad, un debate entre Madrid y Barcelona más allá del fútbol, ¡qué gran noticia!

La confrontación entre los modelos de los dos grandes ciudades españolas --que me perdone alguien si se siente menospreciado, no es mi intención-- se nos ha hurtado durante todos estos años, especialmente aquí en Catalunya. Cuando no era el famoso “avui no toca", era la cantinela de que todas las comparaciones son odiosas y de que sus objetivos y anhelos no tenían nada que ver. No es verdad.

Barcelona y Madrid han representado históricamente dos maneras antagónicas de entender su protagonismo dentro de España. Si nos remontamos unos cuantos años atrás, la capital de España era la ciudad funcionarial por excelencia, con todos los vicios que ello suponía cuando se arrastraban aún estructuras administrativas de la dictadura: poca o nula productividad, un cierto autoritarismo en su relación con los ciudadanos... Barcelona, por el contrario, era el puente a Europa, la ciudad moderna, la urbe razonable y atractiva con una oferta cultural a años luz de la caspa mesetaria.

Desde entonces, sin embargo, han pasado ya unos cuantos años y muchas cosas. La Madrid y Barcelona actuales no tienen nada que ver con esos modelos y haríamos bien en establecer un benchmarking continuo entre ambas ciudades, que nos mostrara las mejores prácticas de unos y otros. También de otras capitales, claro, pero la comparación entre Madrid y Barcelona resulta inevitable y muy conveniente.

Por eso me gusta la iniciativa de Hereu de tener un cara a cara con su homólogo Gallardón, aunque sea irrealizable. Dicho debate no debería, no obstante, evitar la permanente confrontación con Trias, su auténtico rival en las elecciones del 22 de mayo, algo en lo que parece empeñado el actual alcalde de Barcelona, más proclive a dar una respuesta rápida a cualquier ocurrencia del alcalde del PP --sea sobre la deuda municipal o sobre qué hacer con los mendigos-- que a entrar en el cuerpo a cuerpo con el dirigente nacionalista que le está disputando la vara de mando de la ciudad.

Si por azar finalmente Gallardón y Hereu pudieran tener su debate, parece claro que el alcalde barcelonés alardearía de las finanzas municipales. Ciertamente, la deuda por habitante entre ambas ciudades ofrece un llamativo contraste: mientras que en Barcelona fue en 2010 de 742 € por habitante, en Madrid esta cifra se sitúa en los 1.972 €. Este mismo ratio es también más bajo en la capital catalana que en Málaga, Zaragoza o Valencia. Seguramente, Gallardón le respondería que el problema no es la deuda sino en qué se ha gastado o invertido, que sería más o menos lo que Joaquim Nadal contestó en Catalunya cuando Mas llegó a la presidencia de la Generalitat y vio lo que había en la caja autonómica, y así el debate se enmarañaría hasta que el moderador hiciera sonar el silbato para señalar el final del encuentro.

Pero el debate que se debe celebrar en Barcelona tendrá otras coordenadas y probablemente Trias y Hereu no se enzarcen tanto en esas magnitudes y sí intenten cada uno ir más a resaltar las debilidades personales del contrario. A Trias que parecía cabalgar libre de obstáculos hacia la alcaldía le ha salido un problema con la victoria de Mas y su política de recortes.

Hereu, por su parte, deberá defenderse en varios frentes. En primer lugar, de la longevidad del mandato socialista en Barcelona. Si en su momento, 22 años de pujolismo eran muchos, 30 años de PSC pueden parecer demasiados, aunque hayan tenido diversas caras: Serra, Maragall, Clos y el propio Hereu.

Al actual alcalde socialista también le puede pesar el aislamiento que padece en su propio partido, aunque ¡ojo! que para algunos puede ser un punto a favor, y hasta sus bandazos: de presentarse como el hombre que acabaría con la política aparador de Forums y otras cosas por el estilo a ser el promotor de unos Juegos de Invierno, que a muchos nos parece una idea como poco estrambótica.

Hoy por hoy, y si no aparecen elementos extraños en la campaña electoral, Trias lo tiene a tiro, pero si contra todos los pronósticos de hace un par de meses Hereu sigue remontando y al final retiene la alcaldía de Barcelona habrá que reconocerle muchos más méritos políticos de los que hasta ahora ha demostrado y al PSC la torpeza con la que se ha conducido.
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