Aznar, Rajoy y la política económica

27 de mayo de 2013 (10:40 CET)

La enmienda a la totalidad realizada por el ex presidente del gobierno José María Aznar a la política económica --y a otras-- adoptada por Mariano Rajoy, pone de manifiesto algo más que pluralismo en el seno del Partido Popular: señala distintas sensibilidades, actitudes y opiniones en su interior, que unas veces coinciden con las promesas electorales, y otras se adhieren a universales concretos proclamados y defendidos por una hipotética visión liberal; pero, también es cierto que nuestra democracia es joven y los partidos practicaban hacia dentro y hacia fuera unos ritos propios, que servían para identificar sus señas.

Sin embargo, el liderazgo ha cambiado a lo largo del tiempo. De esa forma, las estructuras de poder han construido sus distintas referencias y connotaciones de identidad. En la actualidad, en las democracias occidentales, sobresale la funcionalidad del líder legal weberiano. Pero, aquí también hubo evoluciones y mutaciones, tanto macro como, y principalmente, microgrupales. En ese sentido, se venden-ofertan líderes por ser elementos y focos de los procesos, por su personalidad, por el ejercicio de su influencia, por inducir obediencia, por su rol diferenciado, por ser instrumento de canalización de fines, por la confianza e interacción, por el poder real, por la visión mediática, etc.

Con independencia de las motivaciones particulares que pudo tener José María Aznar en la entrevista en Antena 3, lo cierto es que dejó plasmada toda una forma de hacer política económica desde la derecha: 1) denunciar la recepción de sobres como práctica diaria de su antecesor, Felipe González, cuestión que requiere explicación, para saber cuán onerosa es nuestra democracia. 2) Pagar menos impuestos para tener más: fundamentó todo su alegato en la necesidad de bajar impuestos, ya que era una medida sostenida como promesa electoral del PP antes de las elecciones. 3) El reparto de la confianza entre los suyos, donde resaltó al señor Blesa, imputado en el caso Caja Madrid. 4) Las convenciones sociales como práctica usual y común para justificar los regalos de boda de su hija Ana con Alejandro Agag.

El principio de Thomas sostiene una de esas manifestaciones presentadas como realidad: que una mentira mostrada como verdad, es verdad en sus efectos. Estamos en el caso del fenómeno español, donde el crecimiento era vertiginoso, pero, lo que no se aclara es que fue a costa del ladrillo, de la especulación y del marginalismo más puro y duro. Aquí sobresalían personajes como Francisco Álvarez Cascos, Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja…y, también, Mariano Rajoy, que ya llevaba años en la política lidiando en Galicia entre los de la boina y el birrete, y en Madrid, donde realizó un currículum de diseño, ocupando las carteras de unos cuantos ministerios, que acabó beneficiado por el dedo del jefe y se convirtió en heredero y líder, y candidato a presidente, consolidado en el congreso de Valencia de la mano de Francisco Camps y del inefable Javier Arenas, que va de democristiano.

Es urgente y necesario explicar lo del sobre que todos los días recibía Felipe González, ya que deja en un lugar complicado la limpieza y el valor de las cosas: ¿Qué se pagaba? ¿Cuáles son los valores supremos de la democracia y qué se paga y a quién?

Pagar menos impuestos para ganar más es una visión significativa por su dimensión especulativa y falsa al eludir la producción y conformar redes de la misma y, en consecuencia, determinar el mercado: ¿De dónde salen los productos y cómo se distribuye el flujo dinerario? Aquí surge el capitalismo salvaje o una versión del neoliberalismo español, donde se constata la venta de empresas públicas para pasarlas a otras gestiones privadas y su expansión de enriquecimiento en todas las direcciones y, ahora, nos quejamos de las respuestas de determinados países iberoamericanos.

La confianza es susceptible de ser analizada en tres fases: la prefianza, donde damos por seguros ciertos comportamientos; la confianza, que viene a ser la fiabilidad y, luego, aparecen la desconfianza y la duda. Si la economía requiere de la confianza, ahí surgen personajes como Villalonga, Blesa, Brufau, Alierta y otros hombres de Aznar, que generan incertidumbre e inseguridad.

Los tráficos económicos en su sentido lato nos adentran en misterios sin resolver: el caso Gürtel es el ejemplo más patente, donde aparecen dos bandos, los implicados como delincuentes y los otros, a los que hay que unir el caso Bárcenas y los sobresueldos, sin contar el papel estelar de Ana Mato; mientras tanto, Mariano Rajoy sigue siendo un líder en plasma.

Vicente González Radío es catedrático de universidad
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