Acertó Valle-Inclán

05 de julio de 2016 (19:31 CET)

El fracaso de las encuestas en la pasada campaña electoral fue monumental. La credibilidad de los institutos demoscópicos está bajo mínimos. A su recuperación no ayudó nada la explicación que colegiadamente dieron sus responsables pocos días después de conocerse el resultado. Por una única razón: se les olvidó dar importancia a la participación, a la posible abstención y al voto de los nuevos votantes. No se trata de ver cuánto se acercó cada empresa demoscópica a los resultados de cada partido, sino que el error viene de más atrás, de los puntos de abstención que se despreciaron y que afectaron básicamente a los nuevos partidos. Otras causas aparecidas en estos últimos días parecen igualmente justificaciones de principiantes. Se citaron: la calidad de las muestras, el no permitir publicar sondeos la última semana, que falló la encuesta de Andorra, incluso desde alguna Universidad se citó el "efecto manada", aquello de hacer un corta y pega siguiendo la tendencia que marca el instituto más potente. Ya solo falta que alguien diga -y si no lo digo yo- que lo que realmente llevó a tanta gente a abstenerse fue ¡la jornada de reflexión!

La coalición más perjudicada, Unidos Podemos, está haciendo sus encuestas internas y un estudio en profundidad para saber dónde está el millón de votos que le faltan. Su líder, Iglesias, a la espera de un análisis más científico, se pasa los días echándole la culpa al resto del mundo. A los no votantes, por tener miedo. A los adversarios, por infundir miedo. A las encuestas, por demasiado optimismo. Y a los tertulianos y politólogos, por animarle a hacerse selfies en el sillón azul y hacer una nueva lista del Ejecutivo antes de visitar las urnas. Lo demás no entra en su análisis. Eso de bailar treinta mil millones de euros de un programa económico al siguiente, de abrazar a Anguita, Zapatero y Allende en una misma jornada, ser comunista, socialdemócrata, de abajo, activista o un profesor universitario moderado no independentista ni abertzale en función de los micrófonos que tenía delante, deben ser cuestiones menores. Vamos, lo normal en un aspirante a político que afirma que sí, que ha madurado mucho estas últimas semanas y que ahora promete madurar más y mejor, porque está llamado a las más altas responsabilidades.

El Partido Popular fue el menos perjudicado, el único que creció en papeletas. El detalle de los votos por circunscripciones certificó un nuevo mapa azul en España, incluidos aquellos lugares que han sido y son el foco de mayor corrupción: Valdemoro, Valencia, Madrid. El partido que lidera Rajoy hizo bueno, una vez más, aquello que hace un siglo afirmó Valle-Inclán: "En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. Se premia todo lo malo". Nada que añadir a la sentencia del genial escritor gallego.

Las negociaciones para tratar de conseguir una mayoría parlamentaria que permita investir a un presidente y formar un ejecutivo arrancarán, de verdad, en pocos días. Después de las primeras tomas de contacto protocolarias que está haciendo don Mariano, ahora que tiene tiempo libre porque el equipo nacional ya está de vuelta eliminado de la Eurocopa. Don Mariano, en esto de tener el fútbol como la auténtica prioridad de su gestión, no hace más que sintonizar con la mayoría de los españoles. Por eso, la noche electoral mientras un montón de cadenas competían por ser el referente informativo y ganar en cuota de pantalla -gracias a sus programas de analistas, pactómetros, calculadoras de pactos y demás- casi todos se olvidaron del fútbol y la cadena que retransmitió el Bélgica-Hungría alcanzó el liderazgo en esa franja horaria.

Y es que en España, antes de lanzarse a analizar trasvases de votos, a repartir escaños, alcanzar pactos y formar gobiernos, hay que empezar por estudiar las cosas básicas: saber quién va a ir a votar, a quien le importa que le roben y quien va a dejar de ver el partido televisado, aunque no juegue la selección nacional.
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