Suizalista

El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, junto a las diputadas Noelia Vera e Ione Belarra el 6 de diciembre de 2019 en el Congreso de los Diputados. Foto: EFE/EN

Suizalista

Pablo Iglesias ve Suiza como "nación de naciones" y olvida que es la antítesis mental de la arcadia nórdica que se vende como la sociedad más igualitaria

Hace unos días, en el pasado noviembre, una buena amiga, M.A.T., que a la sazón es banquera privada en uno de los mayores bancos del mundo, y que reside en Ginebra en una de las subsedes de dicho banco global, me envió un artículo de opinión del New York Times firmado por Ruchir Sharma que me hizo pensar mucho.

El artículo se titulaba 'El feliz y saludable capitalismo suizo' y tenía un subtítulo aún más descriptivo: "Olvídese de Escandinavia, Suiza es más rica y tiene una sorprendentemente más igualitaria distribución de la riqueza".

Conozco relativamente bien Suiza, tanto su parte alemana, como su parte francesa, además de la más bucólica y turística parte italiana. He trabajado como consultor para una multinacional suiza desde hace más de veinte años y, siempre que la he visitado, tanto en viaje de placer como en viaje de negocios, la mayoría, me ha parecido una nación modélica en muchísimas cosas.

Una de las barbaridades que escuché en el último debate electoral televisivo, en la primera media hora, el único tramo de debate que aguanté con la televisión encendida, fue el aserto de Pablo Iglesias, con esa seguridad que le caracteriza, de que Suiza es una nación de naciones.

Nunca he escuchado eso de la boca de un suizo, nunca lo he leído en texto alguno, ni siquiera en la constitución de la Confederación Helvética, denominación oficial del país y, por supuesto, ninguna de esas supuestas naciones de las que habla el señor Iglesias han pedido el ingreso en el único organismo mundial que homologa naciones, la ONU.

Imagino la hilaridad que produciría una solicitud así en la sede del organismo a orillas del East River. De hecho, Suiza no ha sido miembro de Naciones Unidas hasta este milenio, en el 2002, tras un referéndum nacional, algo en lo que también son modélicos.

¿Magia? No, capitalismo

Cuando a los presidentes españoles o a los historiadores patrios se les llena la boca de orgullo al decir que España es uno de los países más antiguos del mundo junto a Inglaterra, y datan el nacimiento con la toma de Granada y la unificación de los Reyes Católicos allá por el siglo XV, deberían tener en cuenta que Suiza es una nación desde 1291, tres siglos antes. Pero claro, nadie cuenta con Suiza, a la que la mayoría no considera europea pese a estar incrustada en el centro de Europa.

Incluso cuando hay piques entre Italia y España por presentar el índice de esperanza de vida más alto del mundo (con Japón o Hong Kong nunca pueden, claro, ya se sabe que en la dieta básica de ambos países destaca el aceite de oliva por encima de todo), nunca cuentan con Suiza que, en 2018 según la OMS ha tenido una esperanza de vida de 84,25 años, cuarto del mundo por encima de Italia, sexto, y España, séptimo; una vez más, el aceite de oliva que los suizos echan hasta a las fondues obra el milagro.

Nadie contestó a Pablo Iglesias, nadie. Es el chico listo de la clase, rodeado de memos, y siempre habla sentando cátedra. Suiza es un estado confederal, con 26 cantones y cuatro idiomas oficiales, aparte del inglés, que habla casi todo hijo de vecino, que reconoce en su constitución su diversidad cultural... y punto pelota.

Pero, obviamente, Suiza es país non grato en la izquierda. Es un país donde el capitalismo campa a sus anchas y regido por la libre competencia donde el gobierno federal de la república –sí, federal, Pablo, pese a ser una confederación– y sus próceres –¿sabría alguien decirme el nombre de algún político o dirigente suizo?– destacan por su buen hacer y su discreción.

Suiza es la antítesis mental de esa arcadia nórdica donde todo funciona y que se vende como la sociedad más igualitaria del mundo. Incluso los defensores del liberalismo a ultranza, como Mario Vargas Llosa, solo ponen el ejemplo de las monarquías escandinavas (Finlandia en un país nórdico pero no es parte de Escandinavia) como sociedades donde se ha alcanzado casi la utopía.

¿Y si les dijese que Suiza ha ido mucho más allá en la igualdad y el trato social siendo un país absolutamente liberal y capitalista? Vayamos con las cifras, que siempre son más elocuentes. Cojamos a dos países comparables, Suecia y la propia Suiza. Suecia tiene 10,2 millones de habitantes, mientras que Suiza tiene 8,5. Pues bien, en 2018 el PIB de Suecia fue de 556.073 millones de dólares frente a los 705.501 de Suiza, o lo que es lo mismo, casi un 30% más con 1,7 millones de habitantes menos.

Es en sus empresas donde Suiza es una campeona nacional muy por encima de Suecia

¿Magia? No, capitalismo, esa palabra que en España sigue siendo parte de un discurso basado en el insulto. ¿Y si les digo que Suiza gasta mucho menos en defensa y mucho más en sanidad que Suecia, pese a tener uno de los mejores ejércitos del mundo y probablemente el mejor sistema sanitario... totalmente privado? ¿Y si añadimos que Suiza exporta el doble en términos totales, tiene el doble de inmigrantes acogidos y su tasa de homicidios es menos de la mitad que la tan afamada Suecia?

Suiza siempre sorprende. Suiza consigue todo eso con mucho menos gasto gubernamental que el de los países nórdicos, con impuestos sensiblemente mucho más bajos y siempre figurando entre las diez naciones más felices del planeta. Si yo tuviera la suerte de que Pablo Iglesias leyera este modesto artículo y entrase en debate conmigo, sé lo que diría.

Suiza es un paraíso fiscal, que escondió el oro de los nazis, vive del secreto bancario y de dos industrias principales aparte de la banca, el chocolate y los relojes. Lugares comunes, siempre lugares comunes. Suiza nunca ha sido un paraíso fiscal, el oro de los nazis es algo parecido al Santo Grial, la Cábala... o el oro de Moscú.

El secreto bancario es algo que ha desaparecido hace ya bastantes años por orden del emperador Barack Obama y la banca suiza no para de crecer frente a la empobrecida banca del resto de Europa, y los relojes y el chocolate representan cada uno menos el 1% de la industria suiza. Según el M.I.T., Suiza es, después de Japón, el país del mundo cuyos bienes exportados tienen mayor complejidad e I+D.

Pero es en sus empresas donde Suiza es una campeona nacional muy por encima de Suecia que queda como una enana en este campo al lado del país de Guillermo Tell. Por poner un simple ejemplo, Nestlé, primera compañía mundial en el sector de food and beverage tiene una capitalización bursátil de 320.000 millones de dólares, 15 veces más que el primer rival escandinavo.

¿Es Nestlé un caso aislado? Recuerdan ustedes Hoffmann-Roche, ABB, Novartis, Glencore, LafargeHolcim, Cargill, Zurich Insurance, UBS, Credit Suisse, Hilti, Adecco, Tetra Pak, Liebherr, Schindler, Dufry... ¿Hace falta dar nombres en la industria relojera?

Con precisión suiza, la Confederación Helvética ha acogido más refugiados y emigrantes desde 1950 que ningún país nórdico y no ha sufrido un crecimiento negativo de su economía desde 1973. Así que, Pablo, cuando hable usted del paraíso socialista, no deje de citar a Suiza, nación de cantones, que no naciones, Suizalista.

Este artículo no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial o de Economía Digital y sus accionistas.

José María F. Ameneiro

Consultor, empresario y, sobre todo, lector.

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